Capítulo 38 El filo del deseo

El beso era una colisión. No había ternura ni consuelo; solo la brutalidad de dos personas que llevaban semanas caminando por el borde de un abismo y finalmente habían decidido saltar.

Sebastián me empujó hacia atrás hasta que la parte posterior de mis rodillas chocó contra el borde del colchón. Caí...

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