Capítulo 2 PRÓLOGO

¿Qué voy a hacer ahora? ¿A dónde debo ir? Ni siquiera puedo moverme, las piernas me tiemblan y creo que si doy algunos pasos terminaré en el suelo. El cielo relampaguea, alzo la mirada y veo los destellos de luz que anuncian la lluvia. 

Una gota helada cae sobre mi rostro y miro a todos lados con desespero. Busco a tientas mi teléfono, debo llamar un taxi para que me venga a buscar, ya no quiero estar más aquí, necesito estar en mi habitación. Las lágrimas no me dejan ver bien la pantalla, y con manos temblorosas termino marcando un número equivocado y no lo supe hasta que un par de repiques más y alguien atiende al otro lado.  De pronto, me siento más avergonzada que antes. 

— ¿Ya terminaste de aburrir a tu novio? — me limpio las lágrimas y miro la pantalla.

— ¿Q-quién? — no puedo creer que lo haya llamado. La vergüenza y humillación no puede ser más grande. 

— Aisha, ¿Estás borracha? — joder, si lo he hecho, es él, mi fastidioso y mejor amigo.

— N-no… es que yo no… — no tengo fuerzas para contarle lo que sucedió y necesito salir de aquí — ¿Podrías venir por mí? 

Hay un silencio al otro lado del teléfono. Y no quero imaginar su rostro, lo conozco muy bien, si de algo es capaz Káiser, es de golpear al idiota de mi novio, bueno, ahora ex-novio y dejarlo inconsciente. 

— ¿Qué te hizo ese maldito hijo de perra? — aquí vamos, con los regaños. 

— Puedes o no venir por mí, si no me iré a casa sola. 

— No digas estupideces, quedate donde estas y enviame la ubicación — cuelga y hago lo que dice.

Miles de cosas pasan por mi cabeza, sigo sin entender absolutamente nada y ya no puedo contener las lágrimas. Siento un vacío tan grande en mi pecho que arde, que duele y lastima. Káiser, dijo que estaría aquí en veinte minutos, pero debe estar furioso, conozco cuando está molesto, se pone iracundo y no escucha a nadie, y quince minutos después escuchó el rugir de su motocicleta. 

La lluvia ha comenzado a caer un poco más duro y no sé si es el frío de la noche que me hace temblar, o es que no quiero que él vea las lágrimas que van cayendo por mí rostro. Viene vestido completamente de negro, se baja de su moto, deja el casco encima del manubrio y destila agua, pero también destila rabia y aprieta los puños cómo si estuviera esperando verlo para darle un puñetazo. 

Me quedo paralizada hasta que se queda parado frente a mí y me mira a los ojos. 

Su rostro se suaviza un poco y se quita la chaqueta, para envolverme los brazos con ella. Son pocas sus muestras de cariño, pero que me abrace de esa manera, repara cada parte que han destrozado poco a poco. 

— ¿Qué te hizo? — aprieta los dientes. 

— Sácame de aquí — ignoro su pregunta. 

No tengo que esperar a que lo repita, me toma de la mano, me lleva a su motocicleta ayudándome a subir. Mis manos tiemblan y sigo llorando, solo que la lluvia oculta muy bien mi dolor, por ahora. 

— Voy a matarlo — es una promesa — Le arrancaré la cabeza cuando lo tenga al frente. 

— Quiero irme de aquí — vuelvo a repetirlo — Solo quiero largarme de aquí. 

Si me quedo un segundo más en el lugar donde fuí vilmente humillada, me echaré a llorar cómo una niña pequeña. Se sube a la moto luego de ayudarme con el casco, se coloca el suyo y hace sonar el rugido de su moto. Le rodeo la cintura, pero toma mis manos para que me sujete bien y mi pecho queda pegado a su espalda. 

Cuando acelera debo sostenerme con fuerza, no quiero terminar en el asfalto. 

No soy promotora de la violencia, pero no me importaría que Káiser, le diera un buen golpe en la cara, ahora mismo incluso me gustaría que me viera con otro, para que sepa lo que se siente. Pero, sé que nada de eso calmará la nostalgia que siento. ¿Tanto le costaba decir la verdad? ¿Desde hace cuánto tiempo se han estado burlando de mí? Mis dedos se aprietan en la tela de su camisa. 

— Aisha — escucho que me llama y elevo el rostro — Hemos llegado — avisa y miro a mi alrededor. Si, hemos llegado a su casa, no quiero molestar, así que me ayuda a bajar y le entrego el caso. 

— Gracias por ir a buscarme — no dice nada — Pero, lo mejor es que vaya a mi casa — me voy alejando sin esperar a que diga nada, pero no me deja. 

Me sujeta del brazo deteniendo mis pasos y me abraza una vez más. Creo que le está costando mucho trabajo actuar cómo una persona normal, estando conmigo. 

— Te quedarás conmigo — ordena — No pienso dejarte sola está noche — y con eso, me desplomo en sus brazos. 

Tengo muchas cosas que contarle, pero justamente ahora no quiero ni siquiera pensar en lo sucedido. Me sujeta fuerte y poco a poco entramos a su casa. En total oscuridad, caminamos hasta su cuarto, donde me deja a solas para que me cambie la ropa y eso hago. Deja ropa encima de la cama y sale de la habitación con un cambio para él. 

— ¿Quieres ducharte? — niego con la cabeza — Bueno, cambiate o vas a enfermarte — asiento y me mira a los ojos. 

Lo conozco, no es el típico hombre que va a ponerse a los pies de una mujer para consolarla, pero el gesto de irme a buscar, traerme aquí a su casa para que me desahogue y que me ofrezca su ropa, habla mucho más de él, que todo eso que las personas creen de mi mejor amigo. 

Si pudiera conseguir a alguien así en mi vida, todo sería diferente. Pero, es solo un amigo, nada más.

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