CAPÍTULO TREINTA Y OCHO

—¿No hace demasiado calor para lo que llevas puesto? —me preguntó Lydia una vez más mientras se fijaba en mi ropa. Más sorprendida que preocupada.

—Mi respuesta sigue siendo la misma que cuando preguntaste antes, Lydia. Tengo frío —sentía como si estalactitas estuvieran creciendo dentro de mi médul...

Inicia sesión y continúa leyendo