Llueven balas

No tenía intención de hacerlo, pero soltó una carcajada por culpa de su pregunta.

Nathaniel, perplejo, dio un paso atrás cuando sus risitas se negaron a cesar.

—¿Estás bien?

Su risa se transformó al instante en un chillido; incluso tuvo que sujetarse de las rodillas para no caerse.

—¿Chloe?

...

Inicia sesión y continúa leyendo