24- No confíes en nadie

Sebastián puso la bandeja de comida frente a mí, había huevos, tocino, tostadas, mermelada, jugo y café. Sin pensarlo dos veces, fui directo al café humeante. Cuando el sabor puro del café amargo llenó mi lengua, suspiré de satisfacción y disfruté de la cálida sensación recorriendo mi cuerpo. Despué...

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