31- Promesa

En cuanto puse un pie dentro de la casa de mis padres, mi madre corrió hacia mí y me abrazó. Sus ojos hinchados son suficiente indicio de cómo ha sido cada hora de su día. Le asesinaron a su hijo y, como si eso no fuera suficiente, su hija tuvo que irse con el asesino en cuestión para mantener al re...

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