Capítulo 2 — Que seas muy feliz con tu esposo asesino.
—¿El enemigo de papá?
¿Por qué diablos no había escuchado de él antes?
Como siempre, Sabrina estaba un paso más adelante de mí. Es por eso que era mi mano derecha.
—El hombre que casi lo arruinó el año pasado, ¿recuerdas? —su voz era tan baja que tuve que inclinarme para poder escucharla bien—. Al inicio perdió tres licitaciones contra tu padre, pero después de eso no hubo nadie que lo detuviera. Contrato que querían los Matthews, contrato que ganaba Easton... Tu papá le tiene pánico a ese hombre y es por eso que quiere casarte con el vejestorio de su tío, Veena. Para poder tener poder sobre él.
—Si ya sabías todo esto, ¡¿por qué rayos no me lo advertiste?! —le exclamé, sorprendida de todo lo que sabía y yo no—. Estoy en medio de un juego de poder y yo ni enterada.
—Yo tampoco lo sabía, pero conozco la historia de las dos familias. —respondió, encogiéndose de hombros—. No fue difícil adivinar cuál era el plan de tus padres.
Solté un suspiro, sabiendo que tenía razón y volví a mirar al tal Easton de nuevo.
Easton Channing seguía ahí, con esa expresión de quien estaba en un lugar donde no quería estar, con gente que no soportaba y celebrando algo que detestaba.
Un verdadero témpano de hielo.
Algo me decía que él tampoco estaba feliz con la alianza entre su tío y mi padre, quizás por eso estaba aquí.
Para tantear el terreno.
Fue en ese momento que una voz interna me gritó que él era la grieta que tanto estaba buscando.
Mi oportunidad de oro para separarme de mi familia y encontrar la oportunidad de recuperar a mi hija.
—Iré a hablar con él.
Sin embargo, ni siquiera me pude mover, ya que Sabrina me tomó del brazo con la fuerza de alguien que sabía que estaba sujetando a una persona a punto de saltar al vacío.
Normalmente siempre era yo.
—¿Estás loca, Veena? Ese hombre es peligroso... ¿Toda su aura no te da ninguna pista?
—¿Más peligroso que Conrad Channing? —arqueé una ceja y ella soltó un largo suspiro.
—Peligroso de verdad, amiga —insistió, pero yo rodé los ojos—. Tienes razón, no es de esos que matan esposas y hacen de todo para borrar el rastro, pero sí es de los que te destruyen sin que te des cuenta. Ya pasaste por eso una vez, Vee... Así que es mejor que te mantengas alejada.
Ella tenía razón, ya había vivido una experiencia similar y que me había dejado marcada de maneras inexplicables, pero algo dentro de mí seguía gritándome que no debía hacerle caso a Sabrina.
Me solté de su agarre con cuidado y le regalé una bonita sonrisa.
—Entonces es perfecto para lo que tengo pensado, Sab.
Porque yo también era peligrosa. Es solo que nadie lo sabía todavía.
He estado esperando pacientemente por esta oportunidad.
Me alejé de mi amiga y caminé hacia el fondo del salón, justo donde estaba ese hombre.
Las personas me felicitaban a medida que avanzaba y yo solo les sonreía o asentía, aprovechando que mi padre estaba distraído, hablando con otros hombres y mi mamá con sus amigas, seguramente presumiendo de sus joyas.
Por supuesto que Easton Channing me vio venir.
Sin embargo, su expresión no cambió en absoluto. No se levantó, ni hizo el intento de saludarme.
Como si para él fuera solo una simple partícula de polvo.
Me miró con esos ojos grises que, estaba segura, estaban calculando cuánto tardaría en mandarme a la mierda.
Tomando toda mi fuerza interna, me detuve frente a él, tomando una nueva copa del mesero que pasaba a mi lado y fingiendo tener más seguridad en mí que la que sentía.
Aquí vamos... No lo arruines, Vee.
—Señor Channing.
—Señorita Matthews, ¿no? —respondió con un tono seco.
Como si ya le estuviera robando el tiempo que no estaba dispuesto a darle a nadie que no le interesaba.
—La misma. —sonreí y jugué un poco con mi copa—. Debo admitir que me sorprende que haya venido a estos eventos. Según tengo entendido, usted no es del agrado de mi padre.
—Por suerte, el evento no es para celebrarlo a él. —soltó y yo lo miré fijo—. ¿Qué es lo que quiere, señorita Matthews?
Directo.
Me gusta.
No necesito nada de esas máscaras cordiales que a ninguno de los dos nos interesaba.
Ni tampoco pretendía fingir.
Debo admitir que me gustó que no fingiera.
—Me gustaría hablar con usted un momento.
—No.
Oh.
Easton giró la cabeza hacia otro lado y volvió a mirar al vacío. Como si yo no existiera en su espacio y como si hubiera sido un pequeño insecto molesto que se atrevió a posarse en su hombro.
¿Pero quién se cree que es?
Me quedé allí, parada como una idiota, sintiendo el calor subir a mis mejillas.
Nadie me había tratado así en años. Es más… jamás se habían atrevido a hacerlo.
¡Soy una Matthews, joder!
Sin embargo, no me fui. No sin pelear.
—Es importante —insistí y él no volvió a mirarme, cada vez más irritado.
—Para ti, pero no para mí.
—Se trata de su tío.
Eso fue lo único que lo hizo girar la cabeza una vez más y prestarme el mínimo de su atención.
Aun así, no había nada de interés, ni tampoco curiosidad. Soltando una sonrisa torcida y bastante cruel, que me recorrió la espalda como un escalofrío que me paralizó, entrelazó sus manos por encima de la mesa.
—¿Mi tío? —repitió, con algo de acidez—. Ah, hablas del viejo que se casará contigo.
Bebió un poco de su copa, pero así como yo, de seguro le supo horrible porque arrugó la cara y la bajó casi de inmediato.
—No vamos a casarnos.
Primero muerta.
—Felicidades, señorita Matthews. —me dijo, ignorando lo que le había dicho—. Que seas muy feliz con tu esposo asesino.
