Capítulo 3 — Funeral.
—Ya te dije que no voy a casarme con él.
—Realmente no me importa lo que hagas. —suspiró con desdén y se recostó en la silla—. Ni siquiera sé por qué estamos hablando. Mi tiempo es muy valioso, ¿sabes?
—Pero debería importarte —le dije, y esta vez mi voz no tembló. Se mantuvo firme y segura, como me había tocado enfrentar las dificultades de mi vida—. Porque si me caso con él, tu tío tendrá el control de la empresa de mi padre. Además, te recuerdo que Conrad posee buena parte de las acciones y al tener potestad en ambas empresas, usará ese poder para destruirte y tomar el control total de toda la compañía... Dime, ¿ahora sí te interesa escucharme?
Después de eso fue imposible no notar la manera en la que cambió su rostro.
No era miedo. Easton Channing no me parecía el tipo de hombre que sintiera miedo por cualquier cosa, pero sí estaba considerando cada una de las posibilidades si llegaba a casarme con su tío.
—¿Y qué es lo que quieres? —me preguntó después de un largo rato y soltando un suspiro de fastidio.
Como si quisiera acabar con esta conversación lo más rápido posible.
—Quiero un trato, señor Channing.
Él soltó una risa corta y seca al darse cuenta de que lo había llamado por su apellido.
Él no me estaba tomando en serio, pero si quería conseguir lo que quería, por ahora, debía morderme la lengua.
Maldita sea.
—¿Un trato? ¿Quieres negociar conmigo? ¿Esto es alguna clase de broma o qué? —se inclinó hacia adelante, apenas unos centímetros, pero fue suficiente para que yo sintiera su presencia como un muro impenetrable—. Eres una Matthews, ¿vale? Tu familia me ha jodido la vida durante años... ¿Por qué carajo me interesaría hacer un trato contigo?
—Porque yo también quiero joder a mi familia —respondí, sin inmutarme—. Y sé que puedes serme de ayuda en ello. Podemos destruirlos juntos y obtener lo que tanto queremos.
Yo a mi hija y él... Bueno, supongo que ver a mi familia en el suelo, la verdad es que no me importa.
No obtuve respuesta después de aquello.
El ruido de la fiesta se había quedado lejos, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo entero.
Easton me miró por un largo rato y no sabía si estaba evaluando mis palabras, decidiendo si valía la pena responderme o si debía llamar a sus guardias de seguridad para que me apartaran de su vista.
No podía ver absolutamente nada en ese paisaje de nubes grises.
—Realmente eres más estúpida de lo que pensaba —soltó al fin y yo fruncí el ceño—. ¿Creías que por odiar a tu padre iba a confiar en ti así como si nada? Te lo repito, eres una Matthews. Mienten, traicionan y usan a la gente a su conveniencia... Lo tienen en la sangre.
Oh.
—Yo no soy como ellos.
—Claro —se burló y yo lo miré mal—. Todos dicen lo mismo y al final... ¡Boom! No es mi primera vez en el juego de las traiciones, corazón.
Y entonces se levantó de la mesa, ajustándose los puños de la camisa.
Iba a irse.
Había cruzado la línea y no había nada más que pudiera hacer para que se quedara.
—Si tan solo me dejaras...
—Por favor, no me haga perder más tiempo, señorita Matthews —me pidió sin mirarme y revisando algo en su teléfono—. Será mejor que encuentres a otro idiota que te saque del aprieto, de lo contrario... Supongo que enviaré una bonita corona de flores a tu funeral.
Y entonces se fue.
Con pasos largos y pesados, como si nada de lo que le había dicho lo hubiera afectado. Simplemente era imposible llegar a él.
Mierda.
Mientras tanto, yo me quedé allí, con las manos temblando y tratando de pensar qué otra cosa hacer para salvarme.
Toda esta situación me tenía furiosa y es porque Easton Channing tenía razón.
Él no era un estúpido héroe de película.
No iba a salvarme y mucho menos tenderme la mano sin tener algo que realmente le interesara a cambio.
Pero no pensaba darme por vencida. Tenía que encontrar la forma de cancelar este maldito compromiso y recuperar a mi hija.
No puedo permitir que se quede más tiempo con mi padres.
Sabrina apareció a mi lado cuando Easton se había marchado por completo. Sus ojos llenos de preocupación me escanearon de arriba a abajo.
—¿Qué pasó?
—Me rechazó —respondí, todavía mirando el lugar por el que se había marchado—. Pero no voy a rendirme, Sab... Ese idiota no va a poder conmigo.
—Veena, ya déjalo. Te digo que ese hombre es...
—Es mi única salida —la interrumpí y ella suspiró, perdiendo la paciencia—. Y te aseguro que voy a convencerlo. Incluso si tengo que meterme en su auto y no bajarme hasta que me diga que sí.
Mi mejor amiga me miró como si estuviera loca.
—No vas a hacer eso, ¿o sí?
—Ya veremos, Sab.
Mis padres me veían desde su mesa, abarrotada de personas aduladoras que solo querían cosas de ellos, fulminándome con la mirada, pues ya me habían visto hablando con Easton y aunque no sabían cuáles eran mis planes, no eran nada tontos.
En todos estos años no había parado ni un solo momento en buscar alguna forma de tener a mi pequeña de nuevo.
Y ahora había encontrado una nueva salida.
Easton Channing tiene que ayudarme a conseguir mi objetivo, quiera o no.
Aún no sabe lo persuasiva que puede llegar a ser Veena Matthews.
