Capítulo 42 — Su maldito estorbo.

—Felicidades, es una hermosa niña. —lloré al escuchar el llanto de mi bebé. Después de tanto dolor, finalmente nació—. Ya puedes sostenerla, Veena.

Dios, mi hija hermosa.

La enfermera me tendió a mi bebé y yo sonreí, sosteniéndola con torpeza en mis brazos, agitada y sudada, pero feliz de ver que ...

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