Capítulo 6 — Esta conversación nunca pasó, señorita Matthews.
—Nunca dije que quiero un héroe —respondí, sintiendo tanto asco de sus palabras como él de las mías—. Simplemente quiero un socio.
—¿Un socio?
—Usted odia a mi padre y yo también.
—Eso no es...
—Usted quiere destruir a su tío, yo quiero evitar casarme con su tío. ¿No es suficiente razón para unirnos? —le pregunté, evitando que se negara tan rápido—. Ya le dije que ambos están planeando quitarle su empresa, ¿no cree que esta boda sería un buen contraataque?
—No.
—¿Por qué?
¡Es todo un terco!
—Ya te dije que eres una Matthews, no confío en ti.
Aunque su rostro no mostrara nada, su tono de voz sí y me di cuenta de lo mucho que odiaba decir mi apellido.
—Me está juzgando sin siquiera conocerme. —me crucé de brazos.
—Bueno, culpa a tu familia y a su extenso historial de traiciones a diferentes socios e inversionistas. —escupió y yo me tensé—. Deberías tener cuidado, hay muchas personas allí afuera furiosas con los miembros de tu familia. Yo no me arriesgaría a salir sin protección.
—Imagina lo marginada que soy en mi propia familia que ni siquiera les ha importado ponerme seguridad privada, ¿eso no te dice nada?
Easton no respondió a eso.
El auto seguía en medio de la autopista, mientras las luces de algunos autos nos rodeaban, algunos tocaban la bocina y otros nos maldecían al pasar, pero a él no parecía importarle.
¿Acaso lo convencí?
—Bájese del auto, señorita Matthews.
Ni de coña.
—No.
—Bájate o te bajo yo.
—Atrévase, pero de aquí no me bajo hasta que acepte mi propuesta.
Fue cuando el hombre de ojos grises perdió la paciencia y abrió su puerta de mala manera.
El aire helado de la noche entró de golpe, logrando estremecerme. Rodeó el auto con pasos rápidos, abrió mi puerta y me tomó del brazo.
Maldición.
Con la fuerza suficiente para darme a entender que estaba furioso, me sacó de un solo tirón y me hizo caminar hacia un extremo.
—No vuelvas a acercarte a mí —me advirtió, sus ojos oscurecidos—. Voy a fingir que esta conversación nunca pasó, señorita Matthews.
Y entonces me soltó, caminó hacia su auto nuevamente, y entró, cerrando con otro portazo.
Cuando arrancó y se fue, todo mi cuerpo comenzó a temblar por el clima tan helado que había.
¡Cómo se le ocurre a este imbécil dejarme tirada en medio de la noche!
Saqué mi teléfono y le escribí a Sabrina mientras comenzaba a caminar porque cualquier lugar era más seguro que quedarme en medio de la nada.
Le envié mi ubicación en tiempo real y seguí con mi camino hasta que pudiera recogerme.
No supe bien cuánto tiempo pasó, estaba temblando, con hambre y me dolían los pies por los tacones.
Aún así, Sabrina apareció a mi lado unos cuantos minutos después, tocando su bocina y sonriéndome satisfecha porque una vez más había tenido la razón.
Zorra.
—¿Por fin damos por finalizado tu estúpido plan?
—En tus sueños —respondí, entrando en el auto y quitándome los tacones en el acto—. Ya verás, voy a hacer que ese imbécil caiga rendido a mis pies, no importa cuántas veces me deje tirada en medio de la nada. Es mi boleto de salida, no lo voy a desperdiciar.
—Aish, pensé que ya te habías rendido.
—Nunca, perra. Ya conoces cómo soy.
Sabrina soltó una carcajada que llenó mi corazón y después de poner una canción alegre, comenzó a andar, directo a mi departamento.
No estaba decepcionada por el rechazo, ya me esperaba eso.
Easton Channing no era un hombre fácil, ni mucho menos que aceptara tratos con desconocidas que se metían en su auto sin su permiso.
Comprendo por qué Sabrina siempre me decía que estaba loca.
Además, él tenía razón en algo.
Yo era una Matthews y eso siempre implicaba hacer cosas despreciables para poder sobrevivir en esta jungla que era la vida.
Había usado a Demian y callé un asesinato. También había firmado la adopción de mi propia hija.
¿Quién era yo para pedirle a nadie que confiara en mí?
Esa noche, en mi departamento vacío, me quedé mirando el techo hasta que el sol salió una vez más.
No podía dormir, tenía demasiadas cosas en las que pensar, cuando de pronto mi teléfono vibró.
Y al tomarlo, vi que había un mensaje de mi madre, tan dulce como siempre:
"Mañana cena con Conrad. No faltes o atente a las consecuencias".
Ni siquiera le respondí.
No tenía caso, tenía que ir sí o sí.
Además, si me atrevía a responder, terminaría diciéndole lo que realmente pensaba... Y si hacía eso, terminaría perdiendo a Vienna para siempre.
Así que me quedé callada.
Una vez más.
Como lo hice años atrás y como siempre lo haría si seguía en este mismo camino.
Por ahora tenía que prepararme para la maldita cena con mi prometido asesino mientras planificaba un nuevo plan.
Aunque todavía pensaba que el único con el poder suficiente como para sacarme de este aprieto era ese bloque de hielo llamado Easton Channing.
