Al igual que su madre

El dolor en la cabeza de Franco se negaba a ceder.

Cada milla que avanzaban hacia el aquelarre de las brujas lo empeoraba.

Golpeaba el pie contra el piso del auto, esperando que el ritmo constante lo distrajera.

No funcionó.

El martilleo solo se volvió más fuerte.

—¿Estás bien? —preguntó Deimos...

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