Por fin ha llegado la hora

Nicole estaba sentada con las piernas cruzadas sobre la cama, con las palmas apoyadas en los muslos.

Mantenía los ojos cerrados.

Cada respiración era lenta.

Cuidadosa.

Controlada.

El sudor le corría por la espalda, empapando la fina bata blanca pegada a su piel.

Era incómodo.

Lo ignoró.

No p...

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