Un deseo de muerte

Alicia bajó la mirada y retorció los dedos en la falda.

—¿E-estás seguro de que puedo quedarme? —preguntó en voz baja—. No quiero meterte en problemas, tutor Joseph.

La expresión de Joseph se suavizó de inmediato.

—Claro que puedes quedarte. Todo el mundo sabe que tú eres quien debió haber sido l...

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