Cinco segundos para arrepentirse

Nicole mantuvo la mano aferrada a la muñeca del hombre.

Él la miró fijamente, luego miró los dedos que le impedían alcanzar la espada. Sus compañeros se habían quedado inmóviles. Detrás de ella, la chica seguía sujetando la empuñadura como si temiera que alguien se la arrebatara en cuanto aflojara....

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