La inocencia no la salvaría

—¿Escuchaste que secuestraron a la Nacida de la Luna?

Las manos de Nadine se detuvieron en el lavamanos.

El paño húmedo se retorcía entre sus dedos. Del borde goteaba agua mientras escuchaba a las sirvientas junto al tendedero.

—Lo escuché —respondió otra mujer—. Qué lástima. La gente podrá llama...

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