Capítulo 38 La estocada perfecta

Fedora

—No puedo creer que seas tan imprudente, jovencito. No sabes con quién te metes —le respondió Bernard a Christopher con una frialdad rancia y amenazante, apretando la empuñadura de su bastón hasta que los nudillos se le pusieron blancos y las venas de su mano parecieron a punto de estallar.

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