Capítulo 54 No hay luna de miel, cariño

Fedora

Después de ese beso brutal que me dejó viendo pajaritos alrededor de la cabeza y con las piernas temblando como si acabara de sobrevivir a un terremoto de escala mayor, mi ahora flamante esposo ya estaba muy cómodo recibiendo el abrazo entusiasta del imbécil de mi amigo y abogado.

¿Por qué de...

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