Capítulo 3 Tres
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Lucia Cooper
Estaba poniéndome la ropa con suma lentitud mientras pensaba en lo rápido que pasaba el tiempo; ya había pasado un mes después de la llegada de Dylan, nadie me había molestado después de eso y había sido el mejor mes de mí vida. Nos habíamos unido mucho, demasiado para ser cierto, parecíamos uña y mugre y la verdad no me molestaba, en realidad me agradaba, pues Dylan resultó ser lo que realmente necesitaba.
En cuanto terminé de alistarme bajé a la cocina para tomar una manzana y salir de la casa con mochila en mano. Decidí ir caminando, pues tenía tiempo suficiente para llegar.
Mientras caminaba Dylan volvió a ocupar mis pensamientos como casi siempre hacía.
Algo que notaba en él era su forma de manipular a las personas, un claro ejemplo era que no hacía tareas, las chicas las hacían por él solo para recibir un poco de su atención.
Sin mencionar que sus ojos se oscurecían constantemente y luchaba internamente por no golpear a quien lo tocase sin su consentimiento. En un principio pensé que tenía problemas de ira, pero no, él sabía controlarse cuando alguien hacia algo que él no quería, siempre preferí no preguntarle acerca de eso, pues llevábamos poco tiempo conociéndonos. Lo que si se me hacía bastante extraño era que él se juntara conmigo, pues, yo era una desaliñada y el sobresalía de los demás por su incomparable belleza.
Luego de una media hora llegue al instituto y aún seguía pensando en lo extraño que me resultaba Dylan, había algo en el que mi mente no lo catalogaba como normal, sobre todo que siempre vestía de negro, aunque se veía realmente sexi con ella.
Ciertamente él ocupaba casi todos mis pensamientos desde ese día en que llegó, trataba de no pensar en él, pero se me hacía imposible.
En cuanto entré al estacionamiento lo vi recostado de su auto, me sonrió y yo me acerqué a él, beso mi mejilla y como siempre que lo hacía sentí una extraña electricidad recorrerme todo el cuerpo, cerré los ojos unos segundos, pero luego pensé en lo estúpida que me vería y los abrí de golpe.
—Buenos días, Dylan —saludé.
—Buenos días, Luci. Quiero suponer que no viste lo que te pusiste hoy —fruncí el ceño y miré mi ropa. Pantalones un poco anchos y camisa a cuadros algo ancha, bueno, demasiado.
—Bueno, no es como si me fijara mucho en eso —él rio.
—Eres todo un caso y creo que por eso me agradas —revolvió un poco mi cabello.
Las clases iniciaron, Dylan y yo fuimos a ellas y así paso la mañana, saliendo de una clase para entrar en otra. Cuando llegó almuerzo ninguno de los dos teníamos ganas de comer, así que nos fuimos a la parte de atrás, a donde iba yo antes.
—Dylan, recuerdo que me dijiste que me ayudarías a cobrarme las que me habían hecho ¿sigue en pie tu propuesta? —solo le rogaba al infierno que él no se hubiese arrepentido.
—Estaba esperando que me preguntaras eso —su sonrisa maliciosa apareció en su rostro — ¿tienes algo en mente? —negué.
—No sé cómo hacer eso —si bien él me ayudaría no sabía cómo ser mala, mi mente era demasiada inocente como para poder trazar un plan para tales fines.
—Eso déjamelo a mi —colocó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja —te ayudaré en lo que sea necesario, así tenga que ver sangre correr —él hablaba de una manera tan sanguinaria, pero extrañamente placentera.
— ¿No crees que deberíamos ir a clases?
—No, aquí estamos bien —suspiró — ¿entonces, aquí es a donde venias a refugiarte?
—Si, aquí nadie viene —me miró con una sonrisa ladina.
—No te preocupes, conmigo aquí nadie te volverá a molestar, creo que te lo he demostrado ¿no? —asentí, luego pensé por unos segundos antes de preguntar.
— ¿Por qué me ayudas? — él se vio sorprendido por mi pregunta por lo que se quedó pensando por unos segundos.
—Porque quiero y siento la necesidad de hacerlo —su respuesta no fue muy profunda, pero para mí había sido suficiente.
Así pasamos lo que quedaba de clases en el patio trasero, él hacía comentarios graciosos solo para hacerme reír, aunque por más cosas graciosas que soltara el aura oscura que lo envolvía no desaparecía. Al final de clases fui a buscar mi mochila a mi casillero junto con Dylan, cuando llegué una nota estaba pegada a mi casillero. La leí junto a él para saber de qué se trataba.
Te crees muy valiente por estar con el nuevo maldita dientes de lata, pero que te quede claro, Hanna y yo encontraremos la manera de acercarnos a ti, eres nuestro juguete y hasta que no tengamos uno nuevo no te dejaremos en paz.
Jacke
—Ya verá quién es el juguete de quién —tomó la nota y la estrujó en su mano.
—No, no le hagas caso, solo quiere buscarte un problema —intenté racionar con él, pero no se detenía.
—Problemas le voy a dar yo a él Lucía —sonrió de tal forma que un escalofrío me recorrió hasta los huesos.
No pregunté a que se refería, pues estaba a punto de darme cuenta.
Caminé detrás de él hasta que se detuvo frente al grupo de Jacke, Hanna estaba ahí con unas cuantas amigas riendo y disfrutando de su tan adorado estatus. Dylan los inspeccionó a todos antes de hablar.
—Te crees muy valiente ¿no? —dijo mientras se acercaba a Jacke lentamente —te lo diré una sola vez, no te vuelvas a meter con Lucía o te las veras conmigo —su voz fue tan amenazadora e increíblemente sexy, Hanna entreabrió sus labios y lo miró con lujuria en sus ojos.
¡Puta! ¡Puta! ¡Puta!
Se repetía una y otra vez en mi cabeza, que probablemente no lo eran, pero era inevitable que lo pensara.
Jacke rio con las palabras que Dylan le había soltado.
—Mira principito, a mi tu no me amenazas —él lo señaló con su dedo índice y un sonoro crack se escuchó.
Mis ojos se abrieron con sorpresa al ver la horrorosa escena; Dylan había roto el dedo de Jack. Este soltó un alarido de dolor y se mordió su labio inferior con vehemencia intentando soportar el dolor.
—Uno —levantó uno de sus dedos - no soy ningún principito. Dos —levantó otro dedo —yo hago lo que se me venga en gana. Y tres —levantó otro dedo —te lo advertiré una vez más, no te metas con Lucía —esto último lo dijo lentamente.
El dolor y el miedo surcaron el rostro de Jacke y eso solo hizo que una sonrisa apareciera en mi rostro. Dylan tomó mi mano y caminó conmigo por el pasillo. Cuando llegamos al estacionamiento separé mi mano de la suya y lo observé con una sonrisa.
—Gracias y nos vemos mañana —le sonreí algo tímida.
Al ser tan lindo su presencia me ponía un tanto nerviosa en algunos momentos, bueno, para que mentir, me sentía nerviosa la mayor parte del tiempo que pasaba junto a él.
—El autobús ya se fue —sus ojos verde grisáceo penetraron los míos de una manera que me hacía sentir desnuda, me hacía sentir vulnerable.
—Iré caminando —él sonrió.
—Te llevaré a tu casa, si quieres —mostró las llaves en sus manos y yo asentí sin siquiera pensarlo, por Dios, no podría rechazar el ir con él en su auto.
En cuanto estuvimos frente a su auto me abrió la puerta y yo me adentré en él. Él se subió y bajó los cristales polarizados mientras yo me colocaba el cinturón de seguridad, luego arrancó el auto para salir del estacionamiento despacio. Una sonrisa apareció en mi rostro junto con una nueva sensación, me sentía importante estando junto a Dylan y eso solo incrementaba las emociones que florecían dentro de mi cada que estaba cerca de él.
— ¿Que sentiste cuando le rompiste el dedo a Jacke? —él despegó la vista del frente y me miró por unos segundos antes de contestar.
—Sentí cierto placer —sí que era raro.
Le coloqué la dirección de mi casa en el GPS y llegamos minutos después, ya que no era muy lejos y además él conducía sobrepasando los límites de velocidad.
—Recuérdame no volver a subirme contigo en tu auto si quiero vivir mucho tiempo —él rio libremente y yo me maravillé con tal sonido.
—No exageres, conduzco con cuidado.
—Si, claro, y el culo de Nicky Minaj no es operado —él volvió a reír y yo me bajé del auto.
Al darle la vuelta al auto me paré junto a su ventanilla.
—Gracias —dije una vez más. Él me dio un beso en la mejilla para luego sonreírme como sabía hacerlo.
—No tienes nada que agradecer, estoy para servirte —me di la vuelta y comencé a caminar a casa, pero antes de llegar al portón su voz me hizo darme la vuelta.
—Por cierto, pasaré por ti en una hora —enarqué una ceja algo sorprendida, sin embargo, asentí sin rechistar.
Caminé hacia la entrada de mi casa mientras el portón se abría lentamente debido al mando a distancia, cuando crucé observé a Dylan a través de los barrotes de metal. En cuanto este se cerró el arranco el auto y yo continué entrando a casa.
Rodeé la fuente de la entrada de mi casa para luego acercarme hasta la puerta, la abrí e ingresé la vacía mansión.
Subí a mi habitación para ducharme, en cuanto salí me puse un pantalón azul marino, una remera verde grande, como todo lo que uso y unos zapatos negros.
Me miré en el espejo y pude apreciarme mejor, cabello rubio muy reseco y demasiado largo, ojos azules muy oscuros, nariz respingona y cuerpo con bonitas curvas, no sé porque la gente se empeña en decirme fea, en molestarme y hacerme sentir mal, si quiero tomar cartas en el asunto tendré que cambiar mucha cosas y estoy dispuesta a hacerlo.
Tomé mis tarjetas de crédito, mi móvil y mis llaves, luego salí a esperar a Dylan pues ya había pasado una hora. Unos minutos después el hizo su aparición frente a mi casa.
Él salió de su auto y se paró frente a mí con una sonrisa que dejaba mucho que decir.
— ¿Que tramas? —cuestioné con mis ojos entrecerrados.
—Iremos de comprar solo eso —dijo encogiéndose de hombros, pero yo sabía que había algo más.
—Hay algo más, solo suéltalo —él soltó un suspiro.
—Solo quiero enseñarte mi mundo Lucia —levantó una mano y me la ofreció — ¿vienes al lado oscuro conmigo? —preguntó, pero lo hizo al estilo telenovela, por lo que solo le seguí el juego.
—Si, te dejaré corromperme hasta el alma.
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