Capítulo 4 Cuatro

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Lucia Cooper

—Debemos ir al dentista, hace mucho debí haber ido, pero lo había dejado pasar —le dije a Dylan mientras que miraba las puntas de mi cabello.

—Entonces lo primero será eso, luego iremos a pintarte el pelo y comprarte ropa y a buscar una solución para tus anteojos —propuso Dylan.

— ¿Qué? No pensaba pintármelo, solo cortarlo un poco y darme tratamiento —él me miro con una ceja enarcada.

—Un cambio de color no te vendría mal, Lucía, sé lo que te digo —con un suspiro asentí dándome por vencida, aunque no fue muy difícil, él solo tenía que insistir un poquito y ya estaba aceptando lo que sea que me pidiera.

Le puse la dirección de mi dentista en el GPS y al llegar él me siguió por la recepción del edificio, subimos al ascensor y presioné el piso diecisiete y en cuanto las puertas se abrieron me encontré con la secretaria.

—Quiero ver al doc... —no me dejó terminar.

—Puede pasar, señorita Cooper —fruncí el ceño, hoy estaba muy eficiente.

Caminé por el pasillo con Dylan siguiéndome, en cuanto estuve frente a la puerta la abrí sin tocar sabiendo que la secretaria ya le había informado de mi llegada.

—Supongo que habías olvidado venir a las citas de la semana pasada —su mirada oscura se clavó en mi acusadoramente.

— ¿Que citas? no tenía citas —él frunció el ceño.

— ¿Tus padres no te lo dijeron? los llamé porque el plazo de tus retenedores se había cumplido hace un mes, ya no deberías tenerlos —mi sonrisa hizo su aparición al escuchar sus palabras.

—Y yo que solo venía a darle mantenimiento —mi voz salió algo emocionada y no era para menos, llevaba años usando esos aparatos, aunque cuando estaba más pequeña eran unos de alambres que sobresalían de mi boca, no me explico cómo mis dientes se deformaron tanto.

Mi madre había dicho que me había tenido un incidente, pero nunca explicó de que tipo.

—Bien, túmbate en la camilla —ordenó en cuanto se puso de pie.

Así lo hice y después de ponerse guantes de látex empezó a hacer su trabajo.

Una hora después estaba frente al espejo, sin esos malditos aparatos. Sonreí libre y me volteé hacia Dylan.

—Me gustabas más con frenillos —se encogió de hombros y eso solo hizo que mi sonrisa creciera un poco más.

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Estábamos en el centro de la ciudad caminando hacia la óptica en donde cambiaba las monturas de mis lentes, pero hubiese preferido venir sola, pues era algo incómodo ver como la mayoría de las féminas babeaban por donde fuese que Dylan pasara.

¡Putas! ¡Putas! ¡Putas!

Se repetía una y otra vez en mi cabeza por segunda vez en el día y me pregunté si me estaba volviendo loca ¿por qué las llamaba de esa forma? En cuanto entré al local fui directo a una chica que estaba del otro lado del mostrador a la cual ya conocía de tantas veces haber venido aquí.

—Hola ¿cómo te encuentras Lucía? ¿Y los lentes? —a veces pensaba que su sonrisa era dibujada pues siempre la tenía.

—A eso vine, quiero unos de contacto —le sonreí.

—Oh. Por. Dios. ya no tienes frenillos y quieres lentes de contacto —miró hacia atrás y entrecerró los ojos, miré hacia atrás y Dylan le sonreía a la chica — ¿es por él? Estas enamorada - susurró, rodé los ojos.

—No digas tonterías, a penas y lo conozco, así que mejor hazme espacio para pasar que no tengo mucho tiempo —dije cruzándome de brazos.

—Tienes suerte, no hay pacientes en fila, así que puedes pasar y te haremos los lentes de inmediato —me incitó haciendo unas señas con su mano.

Entre a la consulta con Dylan y la doctora escribió mi receta, en cuanto salí se la pase a la chica y espere una media hora hasta que llegó con lentes de contacto y varias repuestas, pagué, agradecí y salí del lugar ya con mis lentes de contacto puestos.

—Ahora el cabello y la ropa, esto es lo que más me emociona, había leído libros acerca de cambios de estilos, pero no pensé que fueran tan emocionantes —empecé a reír como loca ¿Dylan leyendo libros?

— ¿Tu... tu lees? —pregunté en medio de risas, él frunció el ceño pareciendo indignado.

—Si ¿algún problema? —se cruzó de brazos.

—No, es solo que la forma en la que lo dijiste se vio gracioso, pareces más emocionado que yo —seguía riéndome, sin embargo, no tenía intenciones de parar.

—Así es, así que mueve tu culo, que ya quiero ver cómo te quedará el negro.

— ¿Negro? —pregunté confundida y haciendo desaparecer cualquier rastro de risa.

—No preguntes y camina —tenía una de esas sonrisas que dicen sé algo que tú no, por lo cual me inquieté.

Lo seguí hasta el auto y le coloqué la dirección de algún salón de belleza en el GPS, estaba en el centro comercial, por lo que de paso podríamos ir a unas tiendas de ropa.

Llegamos y como todo el tiempo, las chicas se quedaban mirando a Dylan y a mí me ignoraban, una que otra se quedaba mirándome con cierta duda en su rostro, tal vez preguntándose que hace una chica como ella con alguien como él.

Duramos unos pocos minutos buscando el salón de belleza y cuando lo encontramos Dylan sonrió aún más, nos adentramos en él y una chica con cabello azul se nos acercó.

— ¿En que los puedo ayudar? —iba a hablar, pero Dylan se adelantó.

— ¿Qué color se le vería mejor, negro o gris? yo prefiero negro ¿no? —la chica lo miró y sonrió como boba, luego se mordió el labio.

¡Puta! ¡Puta! ¡Puta!

Gritó mi cabeza por tercera vez, rodé los ojos furiosa conmigo misma, para ya, Lucia.

Su encantamiento pasó en cuanto me miró e inmediatamente me sonrío.

—Negro y... —me soltó la cola y vio que mi cabello tenía las puntas largas y que llegaba hasta mis nalgas —contártelo un poco, esas puntas están feas —asentí en acuerdo.

La chica me llevó hasta una silla y empezó a hacerme cosas en el cabello, luego me llevó a donde se lava el pelo e hizo lo correspondiente, luego de media hora empezó a secarme el cabello y le hizo algunas vueltas sutiles, no me había visto en el espejo, por lo que estaba ansiosa.

Cuando ella me dio la vuelta en la silla y pude observarme en el espejo, mi cabello ya no era rubio, era totalmente negro, como el de Dylan, sonreí, se veía más o menos por arriba de la espalda, no había cortado mucho.

—Esta precioso, me encanta —sonreí al espejo.

—A mí también me encanta, te vez más linda —comentó Dylan.

—Gracias —le dije a la chica y luego pagué para salir del lugar junto a Dylan.

—Ahora la ropa —Dylan me arrastró hasta un local bastante grande, caminamos por las secciones hasta que se detuvo en la de colores negros —esta será mi parte favorita.

Dylan empezó a tomar chaquetas, pantalones, vestidos, tops de esos cortos, ropa de encaje, pantalones cortos y faldas.

—Esto no me va a quedar bien Dylan —me quejé con la esperanza de que le bajara un poco a la intensidad y no me hiciera dar este cambio tan drástico.

—Claro que sí, tienes cuerpo hermoso y esta ropa te quedará bien —me puse rojita estoy segura, me oculté tras la ropa que tenía en brazos y lo escuché reír. Era seguro; había notado mi sonrojo.

Me adentré en el vestidor y lo primero que me coloqué fue un vestido negro, era de escote corazón sin mangas y ajustado en la cintura, luego bajaba como una falda suelta hasta un poco más debajo de mis muslos. Una vez me vi en el espejo me coloqué una chaqueta de cuero algo corta y sonreí ante el reflejo, no parecía yo.

— ¿Puedo pasar? —era Dylan.

—Si —apartó la cortina y colocó un montón de zapatos en el suelo luego salió otra vez sin tan siquiera mirarme.

—Cuando estés lista sales —gritó desde afuera del vestidor.

Me puse unas plataformas negras con detalles en dorado y suspiré sopesando la idea. Definitivamente me caería o peor aún, me vería patética con este vestuario. Esta no era yo.

— ¡Dylan esto no me queda bien! —le grité aun sin salir.

—Eso lo decidiremos nosotros —mi ceño se frunció ante sus palabras.

— ¿Quiénes nosotros? —pregunté para mí misma.

Salí del vestidor con pasos lentos mirando a todos lados para ver de quién hablaba. Unas cuantas chicas de las que trabajaban ahí me observaban con aprobación ¿Enserio les había pedido ayuda? La vergüenza fluyó a través de mí y quise volver al vestuario para ocultarme de sus miradas inquisidoras.

— ¿Chicas, se ve hermosa o no? —ellas sonrieron asintiendo en aprobación y Dylan me miró con la cabeza ladeada.

—Era solo por si no confiabas en mi palabra —negué un par de veces divertida por la situación.

Volví al vestuario y me seguí colocando ropa unas 5 veces y en todas me decían que me veía bien, por lo que en cuanto terminé me volví a poner mi ropa y salí del vestuario con las prendas dentro de un canasto.

En cuanto estuve cerca de Dylan lo empujé levemente.

— ¿Por qué haces eso? —se quejó.

—No sabes la vergüenza que tenía, casi me quedo paralizada frente a esas chicas —rodó los ojos.

—Pero no fue así, deberías dar las gracias en vez de golpearme.

Negué dándome cuenta de que no se arrepentiría de nada, por lo que fui hasta la caja y pagué todo para luego salir de la tienda en dirección al auto. Dejamos las bolsas en el maletero del auto y Dylan llamó mi atención con algo que no me esperaba.

— ¿Alguna vez has hecho destrozos en una tienda por puro gusto? —negué — ¿te gustaría hacerlo? —negué —ay anda, no te va a pasar nada, andas conmigo.

—Tengo un mes de conocerte y ya eres mala influencia —bromeé.

—No es como si yo te fuera a obligar, será divertido, anda —solté un suspiro.

—Pero no vamos a romper nada —él negó con una sonrisa.

—Solo vamos a tirar todo al piso —sonrió.

—Cosas que no sean de cristal —le advertí y él asintió una vez más.

—Cuando yo te avise vas a empezar a tirar todo lo que veas al piso mientras corres hacia la puerta ¿Entendido? —asentí varias veces mientras caminábamos en dirección al centro comercial una vez más.

En cuanto entramos a la primera tienda optamos por el pasillo de juguetes, pues era el que más cerca estaba de la puerta y podríamos salir con facilidad.

—Siempre mantén la cabeza agachada, así las cámaras no te grabaran —asentí confirmando que lo había escuchado.

Él me hizo una seña y desde ese momento comenzamos a tirar todo a nuestro paso al piso. Escuchaba a Dylan reír y a alguien gritarnos que nos detuviéramos, yo reía como loca por la adrenalina y el corazón se me quería salir mientras corría. Miré hacia atrás y un guardia venía hacia nosotros después de haber salido de la tienda mientras yo seguía corriendo sujetada por la mano de Dylan.

Él tenía una sonrisa de oreja a oreja y yo también, salimos al estacionamiento y nos subimos en el auto a toda prisa él encendió el auto y sin pensarlo dos veces aceleró para salir del estacionamiento a toda prisa.

El auto se quedó en silencio unos segundos y después nos echamos a reír como locos.

—Eso es lo más genial que he hecho en toda mi vida —seguí riendo.

—Sentiste la adrenalina ¿no es así?

—¿Que si la sentí? Diablos eso fue genial —él rio.

—Si me dejas, podrías sentir cosas mejores - miré su perfil para darme cuenta de que me miraba.

—Todo depende —no había notado que ya estábamos en mi casa hasta que él detuvo el auto —gracias, Dylan —él salió del auto para encaminarse hasta el maletero y sacar mis bolsas, eran siete en total, por lo que las organicé en mis manos de manera estratégica —ahora sí, nos vemos mañana.

—Adiós Lucía, ponte más linda de lo que eres —sonreí mientras agitaba mi mano de un lado a otro.

En cuanto me di la vuelta me adentré en mi casa, cerré el portón como pude y luego abrí la puerta principal, subí las escaleras hasta mi habitación y puse las bolsas en mí closet.

Antes de entrar a la ducha amarré mi cabello en una trenza para evitar que se mojara, luego de ducharme me puse el piyama y me lancé a la cama dispuesta a dormir.

Mañana sería un gran día y todo gracias a Dylan.

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