Capítulo 5 Cinco
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Lucia Cooper
Me había despertado a mitad de la noche por extraños ruidos que escuchaba, salí de la comodidad de mi cama y abrí la puerta que daba hacia el pasillo para ver de qué se trataba, este se encontraba oscuro y lucia realmente tétrico sin una luz que lo iluminara tenuemente. Caminé por el con sigilo, tratando de recordar donde se encontraba el interruptor de la bombilla. Al no encontrarla y no escuchar otra vez los ruidos, volví a mi habitación, al entrar un escalofrío recorrió mi espina dorsal por completo, la habitación estaba más que fría, mi respiración provocaba un vaho que flotaba a mi alrededor, danzando en una imaginaria melodía.
Caminé lentamente hacia el interruptor de luz y lo encendí, no había nada, y pensé por un segundo que solo era mi imaginación, lo volví a apagar y fui directo a mi cama, me acurruqué entre mis sabanas y traté de dormir otra vez, pero lo que más desconcertada me dejó fue sentir que la cama se hundía a mis espaldas lentamente, cerré los ojos con fuerza, se me olvidó moverme, se me olvidó que tenía extremidades, olvidé incluso respirar.
La cama terminó de hundirse por completo, sentí una respiración lenta y pausada en mi cuello y cerré los ojos con más fuerza, unos dedos huesudos rozaron mi mejilla y no lo soporte más, corrí al interruptor y al encenderlo... no había nada.
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No había pegado un solo ojo en lo que quedó de noche, la luz de mi baño y habitación permanecieron encendidas hasta que visualicé los tenues rayos de luz asomándose por mi ventana. Me había quedado sentada en el mueble de la esquina de mi habitación en el cual podía tener acceso a todo a mi alrededor.
Me encontraba duchada en frente de toda la ropa que había comprado. Después de haberlo pensado mucho elegí un vestido negro hasta medio muslo con mangas cortas, chaqueta de cuero y plataformas negras cerradas.
Luego de vestirme fui a la habitación de mis padres y rebusqué en los maquillajes de mi madre. Sabía usar el maquillaje, pues me había maquillado unas cuantas veces, pero no me gustaba lo suficiente como para tener cajones llenos de el en mi habitación. Tomé corrector para ocultar las enormes ojeras que se habían formado por haber pasado la mitad de la noche en vela, aplique base, polvos y un delineado de gato, labial color vino casi negro y estaba lista.
Rocié perfume de mi madre en mi cuello y muñecas y salí de la habitación con él en mano, no tomé el labial, pues era mate y me duraría 24 horas hiciese lo que hiciese.
Tomé mi mochila y salí de casa sin desayunar, no es como si tuviera hambre después del susto que había pasado, todavía podía sentir esa huesuda mano acariciar mi mejilla y cada vez que lo hacia mi piel se erizaba. Había elegido usar el transporte escolar, si bien nadie lo usaba pues casi todo el mundo en el instituto tenía auto, lo tenían funcionado de todas maneras. Cuando este aparco frente al instituto bajé lentamente, con miedo, pero no sabía exactamente por qué.
Busqué con la mirada el auto de Dylan, pero al parecer no había llegado. Fui directo a mi casillero y podía sentir miradas curiosas dirigidas hacia mí, estaba nerviosa, sin la protección de Dylan cualquiera se podría me podría venir encima. Llegué a mi casillero y saqué los cuadernos que no utilizaría, pero antes de terminar alguien cerró el casillero con fuerza, ese alguien estaba a mis espaldas y su mano estaba a mi izquierda, me volteé lentamente y me encontré con su verdosa mirada, sonreí sin quererlo y él igual, pero la suya no era como la mía, la de él era sádica, pero extrañamente encantadora.
—Solo he escuchado que hablan de ti en el estacionamiento —salí de mi trance al escucharlo hablar y me sonrojé al notar lo cerca que estaba de mi rostro. No dije nada y él sonrió cuando notó lo incomoda que estaba —tengo una duda que me carcome el alma —fruncí el ceño y él sonrió perverso — ¿alguna vez has besado a alguien? —me atraganté con mi propia respiración y lo empujé lejos de mi para poder toser y respirar con libertad, su risa lleno mis oídos y me enojé, no tiene el derecho de burlarse por tal cosa.
—No es como si alguien quisiera andar besando a una chica con dientes de lata —su risa cesó y frunció el ceño.
—Yo lo habría hecho —volví a sonrojarme violentamente y esta vez él me dio una sonrisa tierna, se acercó a mí de nuevo y tomó mi barbilla en sus manos para que lo mirara directo a sus ojos, aun con mi metro setenta y seis tenía que mirar hacia arriba para poder verlo a los ojos.
—El único precio que pido por ayudarte es tu inocencia —fruncí el ceño, pues no entendía ¿mi inocencia? —quiero que me dejes profanar tus labios —acarició mis labios con su dedo pulgar —tu cuerpo —tomó mi cintura y dio pequeñas caricias. Me miró de una manera que me hizo sentir desnuda, vulnerable —tu alma —finalizó.
Yo no sabía que decir o hacer, estaba, estaba, ¡no sabía ni eso! Él lograba despojarme de las pocas armas que tenía con tan solo una frase, un roce o con tan solo mirarme. Comencé a ponerme nerviosa al ver que acercó por completo su rostro al mío y lo peor de todo esto es que yo no podía hacer nada para apartarlo o mejor dicho, no quería.
Por primera vez en mi vida alguien se interesaba de esta forma por mí, él me hacía sentir de todas las formas posibles, pero obviamente ninguna era en forma negativa. Cuando estuvo totalmente cerca de mi rostro, tan cerca que mi respiración se confundía con la de él, tan cerca que podía sentir el calor que su cuerpo emanaba, tan cerca que con tan solo un mínimo movimiento nuestros labios se podrían rozar, la campana para el inicio de clases sonó por lo que aproveché eso como una buena excusa para alejarme de él, lo empujé suavemente y por el poco espacio que quedaba entre los casilleros y su cuerpo pude salir.
Prácticamente corrí a clases de matemáticas y nunca había estado más agradecida de que la campana sonara, pues Diablos ¿cómo haría lo que se supone él quería hacer? No sabía besar ¿Tenía que dar inicio yo o él? ¿Tenía que inclinar mi cabeza a la izquierda o a la derecha? ¿Debía colocar mis labios en la parte inferior o superior de los suyos? ¿Debía empezar lento o suave? ¿En qué momento debía usar mi lengua? ¿cómo rayos usaba yo mi lengua? ¿Y mi respiración? ¿Debía respirar o no? ¡Maldición, era un desastre!
Me senté en la parte de atrás al igual que siempre y minutos después Dylan entro al salón con el ceño fruncido, sus ojos estaban más oscuros de lo normal y me miró de una forma que no sabría explicar, se sentó junto a mí y yo solo me dedique a estrujar mis dedos encima de la mesa. En toda la clase pude sentir su mirada clavada en mí, pero no me atrevía a confirmarlo, pues aún estaba más que abrumada por todo lo que sentí al tenerlo tan cerca de mí.
Al acabar la clase salí de la misma manera en la que entré hacia la clase de educación física, la odiaba con todo mi corazón, pues generalmente lo que se jugaba era el balón prisionero, la clase se dividía en dos grupos y la cancha por igual, luego los equipos se lanzan balones hasta que quedaba tan solo personas en un equipo, ese era el ganador.
Entré al vestuario de mujeres y todas las chicas me observaban curiosas, saqué el "uniforme" de educación física, que más que eso parecía un piyama, consistía en un short azul cielo que apenas y te tapaba el culo y una camiseta blanca de tirantes. Me cambié frente a todas esas chicas sin ningún pudor y salí de ahí al terminar, pero antes dejé mis cosas en el casillero asignado.
Fui hacia el centro del gimnasio y pude observar a Jack y a Dylan en medio, con toda la clase a su alrededor, las pocas chicas que faltaban llegaron y se situaron en los alrededores del circulo, como sospechaba, era ese maldito juego el que jugaríamos y tal vez me seleccionarían de ultimo, como siempre y sería la primera en salir por que más de diez balones serían lanzados en mi dirección.
—Bien, ya los capitanes de ambos equipos fueron seleccionados, ahora elijan a sus participantes y que empiece el juego —ordenó el profesor.
Miré hacia el centro y confirmé mis sospechas, ellos estaban en medio porque serían los capitanes. Jack eligió primero y Dylan miro a todos lados buscando algo, pero al parecer no lo encontró.
— ¡Lucia! —gritó y yo di un respingo al escuchar mi nombre.
— ¡Aquí! —alcé la mano mientras gritaba, todos se voltearon a mirarme con ojos bien abiertos, pasé por medio de todos hasta llegar al lado de Dylan.
Este sonrió hacia mí y yo no pude evitar devolvérsela.
—Pero dientes de lata está muy cambiada —la voz de Jack hizo eco en todo el lugar, Dylan se volteó a mirarlo y sus ojos estaban más oscuros que en el salón, su respiración estaba un poco errática y sus manos se cerraron en puños.
—Vuelves a decirle así y ahora no será tu dedo el que te rompa, será tu mano completa —sentí un hormiguero que iba de mi estomago hasta mi entrepierna, mordí mi labio inferior y observé a Jack que se había vuelto pálido con la amenaza de Dylan. Él tenía su dedo envuelto en una venda blanca y me reí por eso. El profesor gritó que siguiéramos con la selección y así fue.
Luego de terminar de elegir, estábamos divididos en dos y la cancha en medio totalmente vacía, todos teníamos una pelota en la mano, aunque yo, considerando mi poca fuerza no podría llegarla al otro lado. Dylan estaba frente a mí y los demás de nuestro equipo alrededor, el silbato del profesor inició la batalla, pelotas volaban de un lado a otro y solo las observaba pasar cerca de mí. Ninguna llegaba a tocarme, pues Dylan las detenía antes de que me golpearan.
El campo de batalla se fue reduciendo y al final quedamos Dylan y yo en nuestro lado y del otro Jack y cuatro chicos más. Acabarían con nosotros. Pensé. todos los que habían salido del juego estaban atentos a lo que pasaría. Le pasé mi pelota a Dylan y me sostuve de su cadera para poder moverme al compás de él. Lanzó dos pelotas al mismo tiempo que los otros cinco y estas impactaron con dos y las cinco que ellos lanzaron fueron atrapadas y lanzadas por Dylan a velocidad inhumana. Ahora, solo quedábamos dos y dos, solo que yo no contaba; pues no había lazado una sola pelota. Dylan se deshizo del otro y Jack quedo solo entonces este lanzo su único balón con intenciones de golpearme a mí, pero Dylan lo sostuvo antes de que impactara y lo lanzó hacia Jack, no pudo atraparlo y este le dio justo en la cara, esta se puso roja y él soltó un quejido. Joder, que satisfactorio fue escuchar eso.
Dylan se giró para quedar frente a mí. Aun con toda la actividad que había hecho no parecía cansado y no se veía sudado por ningún lado, acunó mi rostro en sus suaves manos y me miró profundamente.
—Te prometo oficialmente que nadie te tocara un pelo si yo puedo evitarlo, te protegeré con mi vida si es necesario, Luci. Antepondré tu seguridad antes que la mía y si el oxígeno llega a escasear y debo darte el mío dejare de respirar para que tú lo hagas —y luego de sus dulces palabras, ahí, en medio de todos los estudiantes presionó sus labios con los míos en un suave beso, luego los entrelazo y yo solo me dejé llevar, acaricié mis labios con los suyos y para mí fue el toque más glorioso que alguna vez haya tenido, hermosas sensaciones invadían mi cuerpo sin temor a no ser conocidas, pero no me importo no saber lo que sentí, para mí fue suficiente el saber qué fue lo mejor que había experimentado.
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