Capítulo 6 Seis
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Lucia Cooper
—Deja de mirarme así —dijo con una sonrisa, yo solo seguí apuñalando mi almuerzo con el tenedor y con mi rostro impasible —enserio, deja de hacerlo, siento que me desnudas con los ojos.
Recorrí la parte que podía ver de su cuerpo, la cual estaba cubierta por una camiseta negra y una chaqueta.
—Ahora si pareces una completa acosadora —retorcí con más fuerza el tenedor.
— ¿Por qué lo hiciste? —hablé por fin después de horas.
—Llevas media mañana sin hablar y ¿solo lo haces para preguntar eso? —frunció el entrecejo.
—No tenías derecho —lo miré directo a sus orbes verde grisáceas —era mi primer beso - esto último lo dije en voz baja.
—Lo sé, y no me vengas con que no tenía derecho, quería... quería besarte y simplemente lo hice, Lucia —pasó sus manos por su cabello despeinándolo.
—Pero no pensaste en mí, no lo quera así —volteé a ver a las demás mesas de la cafetería, las cuales estaban que reventaban y la nuestra prácticamente vacía.
—Lo siento, no soy de esos chicos románticos o esos príncipes azules que salen en los cuentos de hadas. Si lo que esperabas era un parque lleno de flores y un beso en medio del atardecer te advierto que eso nunca lo veras de mí. Ciertamente ni siquiera sé si te gusto. Creo que es cierto, no tenía derecho a besarte y no debí hacerlo tampoco, eres demasiado dulce para mí - sonrió tristemente —demasiado inocente —concluyó antes de ponerse de pie y dejarme sola en la mesa con la cabeza hecha un lio y el incesante cosquilleo de mis labios.
Suspiré un tanto enojada conmigo misma antes de ponerme de pie con mi bandeja en mano. Una chica que me había insultado un par de veces venía en mi dirección, pero no exactamente hacia mí. Un pensamiento algo descabellado paso por mi mente. Miré hacia otro lado y justo cuando ella venía a pasar por mi lado choqué con ella arrojando mi comida a su ropa "accidentalmente", ella abrió los ojos espantada.
—Oh rayos, lo siento —me disculpé y puse una mano en mi boca en forma de "asombro" pero ciertamente estaba ocultando mi sonrisa.
—Como sea —su rostro estaba rojo y lo último que hizo fue salir del lugar corriendo. Eso fue fácil.
Luego de eso llevé la bandeja a su lugar y salí directo al salón en busca de Dylan. Creo que exageré mucho por un beso. Pero es que era mi primer beso, se supone que debería ser algo más especial. Al diablo con todo eso, el romanticismo solo está en los libros que leo, debo tener mente abierta si quiero estar con un chico como Dylan.
Oh por todos los infiernos Lucia ¿te has escuchado por un momento?
Ciertamente no, no estoy pensando con claridad.
Luego de buscar a Dylan como loca y no encontrarlo, minutos antes de que acabaran las clases fui al estacionamiento y lo esperé recostada de su auto. No estaba segura de sí lo que haría seria lo mejor, pero no me importaba, estaba harta de huirle a los riesgos y no correrlos. Escuché el timbre y segundos después los estudiantes empezaron a salir despavoridos de sus salones. Luego de unos minutos salió Dylan y al verme frunció levemente el ceño. Supongo que no se esperaba verme aquí después de lo de hace unas horas.
— ¿Necesitas algo, Lucia? —preguntó una vez llego frente a mí.
Lo observé y me di cuenta una vez mas de que era muy alto y más para lo que tenía pensado.
Asentí y él hizo un ademan para que hablara, yo solo le hice unas señas con mi mano incitándolo a que se agachara hasta mi altura y él cruzado de brazos lo hizo. Cuando estuvo a mi altura lo tomé del cuello y lo halé más a mi hasta estampar sus labios con los míos. Tomé su labio inferior entre los míos y los moví lentamente en un ritmo algo inexperto. Él por un momento no me siguió el beso por la sorpresa, pero luego sentí sus manos en mi cadera y marcó el ritmo del beso. Yo solo me deje llevar. Mis ojos estaban cerrados y de esta forma podía sentir todas las emociones juntas querer asfixiarme ¿Esto se sentía al dar un beso? ¿De tanto me había perdido por unos malditos frenillos? Él se separó lentamente y me sonrió como siempre; siniestra y maléficamente.
—No me importa que no seas un príncipe azul, con uno de las tinieblas me conformo. Tampoco me importa si no eres romántico, no es como si eso sea algo relevante. Y si soy tan inocente para ti entonces, corrómpeme. Te dejaré profanar mis labios, mi cuerpo, mi alma, te dejaré arrancar toda la inocencia en mí, no me importa nada de eso si tu estas a mi lado —sus hermosos ojos me miraban con un brillo inusual y eso no era lo impresionante, si no la forma en la que se oscurecían lentamente haciéndolo ver malditamente atractivo.
— ¿Estas segura de lo que dices Lucia? —asentí enérgicamente —una vez lo dices en voz alta es imposible arrepentirse —susurró cerca de mis labios.
—No me arrepentiré, estoy segura —él soltó su sonrisa característica.
—Aun no me conoces como realmente soy, lo más posible es que salgas corriendo al hacerlo —la forma en la que lo dijo era amargo, como si estuviera más que seguro de que eso es lo que haría.
— ¿Como? —pregunté sin entender. Su confesión me había dejado confundida.
—Vamos a mi casa, conocerás al verdadero Dylan, bueno en realidad a Axel Kristoph —me tomó de la mano y me metió en el asiento de copiloto, estaba confundida ¿De que hablaba? ¿A qué se refería?
Él se colocó en el asiento de piloto y puso el auto en marcha. Y yo decidí callar hasta llegar al lugar a donde él se dirigía. En todo el trayecto me la pase retorciendo mis dedos; ansiosa, nerviosa... Ni siquiera me importó que el estuviera conduciendo a una velocidad alta, solo quería obtener las respuestas a las preguntas que se formulaban una y otra vez en mi cabeza.
Él detuvo el auto frente a una casa un tanto extraña; era de colores oscuros, casi negros. Él se bajó y abrió la puerta de mi lado. Había llegado tan rápido que no lo había visto venir. Salí del auto y pude apreciar la casa mejor. Era de dos pisos, pero en las esquinas tenía torres parecidas a la de los castillos.
Caminé detrás de él mientras observaba como jugueteaba con las llaves que tenía en su mano derecha. Estaba segura qué era por los nervios. ¿Era tan malo lo que me diría? Al estar frente a la puerta la abrió de forma rápida y sencilla y me invito a pasar.
La casa por dentro era un tanto tenebrosa, las paredes estaban pintadas de un violeta oscuro y se respiraba un aire tenebroso y de mal augurio. Al caminar un poco entré a lo que supuse era la sala la cual estaba llena de cuadros extraños de cuerpos desmembrados y de La Parca, mejor conocido como la Muerte.
Este lugar era tétrico, en medio de esta estaban unos muebles negros de cuero colocados simétricamente y una mesita de cristal en medio. Él con toda la tranquilidad se tiró al sofá. Yo, con lo nerviosa que me sentía y mis piernas de gelatina con pocas ganas de cooperar caminé hasta el sofá que estaba enfrente suyo.
Él me observó con sus profundos ojos y decidí romper el silencio que se había formado.
— ¿Me puedes explicar que maldiciones pasa y quién diablos es Axel Cristian? —él soltó una carcajada y yo lo fulminé con la mirada.
—Es Axel Kristoph —deletreó el nombre lentamente y yo solo me concentré en el movimiento de sus labios al hacerlo.
Removí mi cabeza y me concentré en lo importante
—Como sea ¿dime qué diablos estoy haciendo aquí? ¿Y qué es lo que me quieres mostrar? —él suspiró y paso sus manos por su cara.
— ¿Recuerdas ese día, hace unas semanas, en el que gritaste en medio de la calle que querías a alguien que te acompañara y que hiciera tus días mejores? —asentí sin poder creer que él supiera eso — ¿recuerdas ese momento en el que dijiste que no te importaba si era Lucifer quien te mandaba uno de sus demonios? —asentí otra vez sin poder articular palabra —tus plegarias fueron escuchadas, pequeña y —hizo una pequeña pausa y soltó un suspiró antes de terminar —y aquí estoy.
Sus ojos se volvieron totalmente negros; sin iris. Su cabello creció un poco más y sus rasgos se volvieron más delicados y hermosos. Unas alas negras salieron de su espalda y unos pequeños colmillos salieron de su boca, esa fue la última cosa que vi antes de que todo fuera oscuridad.
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