Capítulo 17 Buenos días, Isabella, esposa mía.

Aquel hombre sabía besar, sin duda. No había el menor titubeo en sus movimientos. Parecía tan experimentado como si dominara todas las técnicas, desde el beso más sencillo hasta el que podía volver adicta a una mujer y hacerle olvidar hasta su propio nombre.

Los labios de Gonzalo rozaron los de Isa...

Inicia sesión y continúa leyendo