Capítulo 3 Sí, Isabella, ¡ánimo!

Isabella seguía temblando incluso ya dentro del baño. Cerró con llave la puerta, se agachó en el suelo y empezó a jugar con sus uñas perfectamente cortadas. Era un hábito suyo, algo que hacía siempre que los nervios la traicionaban.

Pero la verdad era que no solo estaba nerviosa: estaba aterrada. ¿...

Inicia sesión y continúa leyendo