Capítulo 4 Gracias, bella mía.

Isabella se miró. Al final, el camisón que había elegido Gonzalo no estaba mal. Le llegaba hasta los pies y ceñía su cuerpo con bastante gracia. Antes de que él empezara a contar, ella tomó al azar una de sus prendas de dormir y salió con ella en las manos.

—Parece que ya me vas conociendo, Isabella...

Inicia sesión y continúa leyendo