Capítulo 51 Capítulo 51

Alejandro, estaba allí, apostado como una gárgola de carne y hueso en la parte exterior de la mansión Gilmartin. Sus ojos, inyectados en sangre por la falta de descanso, no se apartaban ni un segundo de los muros de piedra. Su única misión, la que se había autoimpuesto por encima de su propia salud ...

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