Capítulo 134 JAMÁS VOLVERÉ A ARRODILLARME

La sala de visitas de la cárcel era pequeña y ruidosa. Fernanda avanzó con una mano en el brazo de Noah hasta que un guardia le indicó dónde sentarse. Noah ocupó la silla a su lado, con los puños cerrados sobre las rodillas. Le había prometido no abrir la boca, y le estaba costando.

Se oyó el arras...

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