Capítulo 39 EL ARMA PERFECTA

Diego lanzó el vaso contra la pared y ni siquiera miró los pedazos esparcidos junto al escritorio. Llevaba minutos escuchando excusas, nombres, rutas fallidas y explicaciones que solo conseguían empeorar su humor. Frente a él, dos hombres permanecían de pie, sin atreverse a moverse.

—Les di una ord...

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