Capítulo 59 DIGNA DEL APELLIDO KURODA

La bruma espesa del sedante se disipó de golpe, dejando tras de sí una punzada lacerante que le atravesaba las sienes.

Elizabeth abrió los ojos y el peso aplastante de la realidad cayó sobre su pecho como una losa incandescente.

Miró a su alrededor, desconectó la vía intravenosa de su brazo sin impo...

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