Capítulo 3 Matrimonio por contrato

El silencio que se instala en la habitación del hospital es insoportable.

Tenso.

Uno que me hace sentir asfixiada.

Ethan no aparta su mirada de mi.

Él me observa, me analiza y se que me está cuestionando.

Es como si él se estuviese cuestionando si yo fuese un problema para él.

Obviamente no cree lo que le he dicho pero es la verdad.

Ethan y yo estamos casados.

- ¿Mi esposa? – dice finalmente – eso no tiene sentido.

- Acabas de sufrir un accidente – respondo con calma mientras mantengo mi voz firme – es normal que estés confundido.

- No – sigue negando – yo no estoy confundido. Confundido sería no recordar algunos detalles, pero no recordar a mi propia esposa eso no es normal.

Mi garganta se seca.

- El doctor dijo que presentabas amnesia retrógrada, y eso también puede afectar recuerdos recientes – le explico con paciencia.

- ¿Recientes? – interrumpe – ¿cuánto tiempo llevamos casados? – exige saber.

- Un mes.

Un mes que él parece haber olvidado por completo.

- ¿Hace cuánto tiempo que somos pareja? – cuestiona mientras se recuesta contra la almohada.

Ethan pareciera que estuviera procesando cada palabra que le digo.

Frio.

Calculador.

- Un mes – repito en voz baja sintiéndome completamente insegura.

- ¿Y se supone que debo de creerte? – se ríe en voz alta, como si todo esto solo fuese una broma de mal gusto para él – una mujer que no conozco se presenta ante mí, me dice que estamos casados hace un mes y que llevamos un mes de relación. ¿Entiendes lo ridículo de la situación?

Escuchando a él decirlo así, si, tengo que admitir que es extraño.

Si alguien algún día se me presentara y me dijera lo mismo yo también pensaría que me está mintiendo.

La forma en la que Ethan habla no es agresiva pero si es sarcásticamente lógica.

Y eso lo hace mucho peor.

- No – respondo finalmente – no es así.

- Explícate.

Tomando una respiración profunda lo digo – ha sido un matrimonio por contrato – mis palabras salen rápidas porque no hay otra forma de decirlo, pero nada más decirlas me siento avergonzada.

Incluso para mí suena ridículo.

- ¿Por contrato? – pregunta sin mostrar sorpresa – ¿qué tipo de contrato?

- De negocios – respondo – Tú dices que no me recuerdas pero tú y yo ya nos conocemos desde hace mucho. Yo soy Sophie Hall.

De pronto sus ojos que solo transmitían un frío calculador empiezan a transmitir algo más…

Es… creo que es molestia.

- Sophie Hall – repite – ¿De la familia Hall?

- Exactamente – digo más tranquila – nos conocemos desde niños.

- No – me corrige – yo no te conozco, conozco a tu familia. Se de tu apellido pero a ti nunca antes te había visto.

Desanimada intento hacerle entender la realidad.

Pero para él es como si yo nunca hubiese existido.

- Si nos conocemos – replico frustrada – nos conocemos desde hace muchos años. Y hace un mes, la empresa de mi familia entro en una crisis financiera por lo que…

- ¿Industrias CH en quiebra? – no me deja continuar. Ethan me observa con una sonrisa que me hace enojar.

Parece que está disfrutando de lo que le he dicho.

- Industrias CH estaba en quiebra y tú… – repito con la boca seca – tú te ofreciste ayudar a cambio de un matrimonio conmigo.

Ante mis palabras, cualquier rastro de emoción en su rostro se desaparece.

- ¿Qué yo me ofrecía a qué? – pregunta sorprendido – ¡Yo jamás haría algo así!

- Si, si lo hiciste.

- ¿Pero, por qué?

Parpadeo.

- ¿Cómo que por qué?

- Lo que me estás diciendo que yo hice no parece una acción impulsiva de mi parte – explica con calma – así que dime la razón por la cual yo tomé semejante decisión.

La forma en la que se expresa es definitivamente la misma forma de antes.

Pero ahora me resulta lejano.

- No lo sé – admito – nunca lo explicaste.

Las palabras salen extrañas.

Tengo razón.

Él nunca me dijo realmente porque se ofreció a hacer algo así pero luego de un mes de convivencia entera tenía una ligera sospecha. Ahora no estoy segura.

Me gustaría haber sido más terca al respecto y poder saber porque lo hizo con exactitud.

Así le podría explicar a él.

Ethan sostiene mi mirada unos segundos más, luego suelta una pequeña exhalación.

- Entonces, según tú, nos casamos por un acuerdo matrimonial que te ayudaría a salvar a Industrias CH de la bancarrota. ¿Correcto?

- Si.

- ¿Cuántas acciones me dieron a cambio? – pregunta tranquilamente.

- Ninguna – digo confundida – el acuerdo que firmamos no incluía traspaso de acciones – le explico.

- ¿Nada? ¿Ninguna?

- No.

- ¿Propiedades? – pregunta confundido pero solo niego con mi cabeza – ¿Beneficios a largo plazo? ¡Maldita sea! ¿Ni siquiera un maldito carro? – pregunta molesto.

- No. Te dije que no – repito cruzando los brazos sobre mi pecho.

- ¿Entonces por que…?

- No lo se… tú solo te presentaste y ofreciste ese trato.

- ¿Sin ningún tipo de beneficio? ¿Me estás jodiendo? – se altera.

Ver a Ethan así me asusta.

Su tono de voz sube y una enfermera entra para ver cómo estamos acá dentro.

Tras asegurarle que todo está bien ella se va, pero no sin antes advertirme que no puedo alterar al paciente.

Una vez solos enfoco toda mi atención en Ethan nuevamente.

Él nunca antes me había hablado así.

Pero no me asusta porque piense que me pueda hacer algo, no, sino porque él hace unas pocas horas fue atropellado, que se altere de esta manera no debe de ser bueno para él.

- Ethan, creo que deberías de calmarte un poco – le digo preocupada.

- Aclárame algo – me detiene – esto es un matrimonio por contrato sin ningún tipo de sentimiento de por medio.

Mi pecho se tensa porque no hace una pregunta, él está haciendo una afirmación.

- Si, así es – digo aunque siento cierta duda dentro de mi.

- ¿Sin ninguna ganancia ni beneficio para mi?

- Eh… creo que no.

- ¿Ninguna historia?

- Nos conocemos desde la niñez – aclaro rápidamente – nuestras familias…

- Eso no es lo que pregunté – me interrumpe molesto – ¿Hemos tenido sexo siquiera? – pregunta con brusquedad.

Su pregunta me toma por sorpresa pero enseguida niego, y es cuando me doy cuenta que ese detalle es realmente importante para él.

Aún así, mentir sobre algo tan importante no es algo que yo haría.

Ethan y yo, nunca hemos tendido ese tipo de relación.

- ¡Joder! – se toca la cabeza – esto es una locura – masculla – mira Sophia…

- Sophie – lo corrijo – mi nombre es Sophie. Tú ya lo sabes.

- No, no lo se – me mira fijamente – yo no me acuerdo de ti, ni hoy, ni hace un mes, ni mucho menos de cuando éramos niños, así que sea lo que sea que haya pasado entre nosotros para mí nunca ha existido.

Sus palabras me dejan en silencio.

No sé qué decir.

Se que para él esto no debe de ser fácil.

Pero para mí tampoco lo es.

De pronto, ya no se que somos.

- Dime la verdad, ¿Hay algo entre nosotros más allá del contrato? – pregunta directamente.

Su mirada es fría y directa.

Este definitivamente es el Ethan Cole del que mi padre me habló, y es el mismo Ethan Cole con el que me pidió que no me casara.

Por primera vez desde nuestro matrimonio no se qué decirle.

Está situación también me está afectando a mi.

- Ya te dije todo lo que es – digo intentando mantener la voz calmada.

Antes del accidente pensé que había descifrado al verdadero Ethan.

Nosotros solo tenemos un matrimonio por contrato, es verdad, pero aparte de eso había cierto grado de complicidad, respeto mutuo y compañerismo.

Incluso durante nuestra luna de miel fue así.

Pero este Ethan…

Ethan me observa en silencio.

Es como si todo lo que le dije solo fueran mentiras.

- No te creo.

Aunque ya lo sospechaba sus palabras duelen más de lo que debería.

No tengo ni idea de que hacer al respecto. No es como si simplemente lo pudiese obligar a recordar.

- Esto no ha sido solo un matrimonio por contrato.

- Qué quieres decir? – mi voz tiembla.

- Sería extraño no sentir nada por la mujer con la que me case. Mucho menos si no estoy recibiendo nada a cambio – dice con lógica – tú definitivamente no me estás diciendo todo.

- Las cosas no siempre son tan simples – digo intentando hacerlo entrar en razón – ya te dije como han sido las cosas.

- ¿Segura? dame tu teléfono – exige extendiendo su mano.

- ¿Para qué? – pregunto confundida.

- Pruebas. Quiero ver si hay fotos, mensajes – explica – algo que me confirme lo que estás diciendo.

Sus palabras me hacen sentir insegura.

Pero hago lo que dice.

Se que de igual manera no encontrará nada relevante.

Aunque Ethan y yo nos habíamos estado llevando bien no hay fotos íntimas, ni vídeos, ni siquiera mensajes amistosos.

Nuestra relación de convivencia no se baso en eso.

Solo hay algunas fotos de nuestra boda y unos pocos mensajes con instrucciones claras y precisas.

Y algunos documentos en PDF con los acuerdos prematrimoniales firmados por ambos.

Pero a él eso no parece detenerlo.

Después de varios minutos él deja el teléfono en la mesa de al lado.

- ¿Ha sido suficiente? – pregunto un poco indignada.

- Interesante – masculla observándome fijamente.

- ¿El qué?

- Esto no parece un matrimonio por amor.

- ¿Entonces qué parece? – pregunto confundida.

- Parece un acuerdo comercial.

- Eso es exactamente lo que dije que era – respondo intentando mantener la compostura.

- No, tú dijiste que era un matrimonio por contrato – me corrige.

Confundida lo observo.

- ¿Y acaso no es lo mismo? – me atrevo a preguntar.

- No – sonríe abiertamente.

La forma en la que Ethan me observa hace que me den escalofríos.

- Según lo que se, no hay razón para que actúe como tu esposo – dice direc

tamente – yo no te conozco y por lo que veo, tampoco hay mucho por conocer.

Ethan dice cada palabra como si yo realmente no fuera nada.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo