Capítulo 4 ...su esposa

En silencio espero a que Ethan entre a nuestro apartamento.

Él observa todo a su alrededor.

Desde la entrada del edificio, hasta el ascensor.

Ethan no actúa como alguien que regresa a su hogar, sino como alguien que entra a un lugar desconocido por primera vez.

Y eso me inquieta aún más.

Una vez dentro se detiene cerca de la puerta de entrada.

- Así que aquí es donde vivimos como marido y mujer – murmura observando todo.

- Si – respondo en voz baja.

Ethan paso una semana entera bajo observación en el hospital.

No porque lo necesitara.

Sino por decisión propia.

Él pidió que le hicieran todo tipo de exámenes.

Incluso su asistente estuvo cada día allí con nosotros, llevándole todo tipo de documentos, incluyéndome los de nuestro matrimonio.

Luego de todos los resultados médicos, y de examinar cada uno de los documentos por fin pudo aceptar que ciertamente soy su esposa.

Aún así, no me ha creído del todo.

Según Ethan yo le estoy ocultando información importante.

Él no comprende como se ha podido casar conmigo por voluntad propia.

Con solo escuchar mi apellido enseguida me catálogo como su enemiga.

Los Cole y los Hall hace mucho tiempo eran amigos.

Ya no más.

Nuestros abuelos fueron quieren fundaron Industrias CH hace muchos años atrás, pero malos negocios por parte del padre de Ethan hizo que estos perdieran la mayoría de sus acciones y con ello el poder que tenían como fundadores.

Acciones que mi padre compró.

Durante todo este tiempo los Cole pensaron que mi padre había hecho todo para perjudicarlos, pero la realidad no es así.

Mi padre simplemente no quería ver en manos de un desconocido algo por lo que mi abuelo tanto luchó.

Así que no entiendo cómo él ha permitido que la empresa casi estuviera al borde de la quiebra.

Entrando detrás de Ethan al apartamento deja su equipaje al lado de la puerta que cierro detrás de mi.

Con paciencia dejo que él se adapte a su nueva realidad.

- Esto está demasiado ordenado – murmura de pronto.

- Siempre ha sido así – respondo sin pensar.

- ¿Siempre?

- Tú mismo escogiste este apartamento y todo lo que hay aquí adentro – explico.

Él me observa.

Me analiza.

- Esto no es un hogar – dictamina.

Sus palabras me golpean más de lo que deberían así que no digo nada.

Porque en el fondo sé que él tiene razón.

Este lugar nunca fue destinado a ser un hogar para nosotros, eso solo fue una parte más del acuerdo.

Cerca de la chimenea eléctrica hay algunas fotos de nuestra boda.

Ethan las ve y enseguida se acerca a examinarlas.

Cada una de las fotos son perfectas, pero distantes.

En silencio yo también me acerco a observarlas y veo lo mismo que él.

Perfección.

Elegancia.

Todo eso entre dos personas que no son cercanas. Ninguna de las fotos refleja una emoción verdadera.

- Aquí tampoco hay nada – dice finalmente.

Confundida lo observo caminar en silencio.

No sé que otra cosa hacer.

Aunque este es nuestro hogar, el lugar donde ambos hemos vivido juntos por todo un mes, ahora mismo me siento como una mera intrusa.

Una vez arriba Ethan se detiene al inicio del pasillo.

- ¿Cuál es nuestra habitación? – pregunta sin mirarme.

Mi cuerpo de pronto se tensa.

- No… no compartimos una habitación – explico incómoda – tú habitación es esa – apunto con mi mano – la mía está al otro lado del pasillo.

Ethan gira para observarme con una expresión burlona en su rostro.

Como si esto fuese incluso más ridículo.

- Ni siquiera dormidos en el mismo extremo del pasillo.

- No – niego.

- ¿Por qué?

- Eh… yo… no lo sé – respondo – tú solo me dijiste que tomara cualquier habitación de ese lado y eso hice.

Ethan me observa en silencio hasta que una sonrisa aparece en su rostro.

Pero no es una sonrisa amigable, es una irónica, casi burlona.

- ¡Vaya! – comenta en voz baja – qué matrimonio tan conveniente – se burla.

Su tono se mantiene ligero, como si todo esto no fuese mas que una broma para él.

- Todo eso ha sido parte de nuestro acuerdo – replico.

- Claro – se ríe en voz baja – ¿Y de verdad pretendes que yo crea todo esto?

- Tú ya leíste todos los acuerdos que firmamos – me enderezó aún más.

- Ni siquiera compartimos un espacio – dice caminando de regreso a la sala. Ethan me ignora por completo mientras baja las escaleras, es como si para él yo no existiera – esto ni siquiera puede ser llamado matrimonio – sentencia.

Hago una pausa detrás de él.

Ethan tiene razón.

- Ni siquiera las fotos que cuelgan allá abajo parecen reales – continúa.

Todo esto es hilarante.

Estoy a punto de decir algo cuando el sonido de la puerta abriéndose me detiene.

Por un segundo pensé que nada podía empeorar, pero ahora…

Confundida me apresuró a bajar las escaleras.

No sé supone que alguien más deba de estar acá.

Confundida observo a la intrusa.

Es una mujer alta.

Elegante.

Y muy hermosa.

- Ethan, hola – dice quitándose los lentes de sol y saludando a mi esposo quien se detiene detrás de mi.

Mi cuerpo se tensa.

No entiendo qué rayos está sucediendo.

Pero la forma en la que ella me ignora deliberadamente me molesta, es como si ella pensase que está por encima de mi.

Pero me molesta aún más el hecho de que se haya atrevido a entrar acá sin ningún tipo de respeto.

- ¿Quién es ella? – pregunta sin siquiera mirarme.

- La pregunta acá es quien eres tú – mi molestia sube con cada segundo que pasa.

- ¿Acaso no te acuerdas de mí? – le pregunta a Ethan ignorándome por completo.

- No – niega él posicionándose a mí lado – ¿Quién se supone que eres tú? ¿Y como has entrado? – pregunta cauteloso.

- Oh… tenga una copia – dice levantando una única llave con su manicura perfecta – tú mismo me la diste. ¿Acaso tampoco lo recuerdas? – le pregunta sonriendo, como si eso fuese suficiente.

¿Qué rayos?

- No – responde Ethan con calma.

- Entonces es verdad – susurra sorprendida – me dijeron que habías perdido la memoria.

- Eso me dijeron.

De pronto los ojos de los dos se posan en mi.

Cada uno me evalúa.

Me observa.

Me analiza.

- ¿Y tú eres? – dice la mujer.

- Soy su esposa – digo con los dientes apretados.

La mujer arquea una ceja y suelta una risa.

- ¿Esposa? – repite – esto sí que no me lo esperaba – nos observa atentamente.

- ¿A qué te refieres? – pregunto.

Enseguida me retracto.

Se lo que va a decir.

E instintivamente aprieto los puños.

- A que hace tan solo dos meses Ethan estaba en mi cama – dice con total naturalidad, como si no hubiera nada de malo en decirle eso a la que se supone es la esposa del hombre que estuvo con ella.

De pronto todo se detiene.

Miro a Ethan pero él solo ve a esa mujer.

- ¿Es cierto? – le pregunto en voz baja. Pero una parte de mí ya sabe la respuesta.

- No lo sé – dice fijando su atención en mi.

Él está siendo sincero.

Ethan realmente no lo recuerda.

Y eso es peor.

Porque ni siquiera soy especial en eso.

Es como si de verdad no le importara en absoluto.

La mujer frente a nosotros se cruza de brazos lo que hace que su increíble escote solo se realce aun más.

Sus senos están casi apunto de salir de su apretado top y parece no importarle.

La miro.

Ella me devuelve la mirada.

Definitivamente se encuentra satisfecha con todo lo que está sucediendo.

- Pensé que no tenías intenciones de casarte – masculla regresando su atención a mi esposo – o eso fue lo que me dijiste la última vez que nos vimos – ronronea.

Molesta quiero echar a esta mujer de mi casa.

Doy un paso adelante pero Ethan pone su mano en mi hombro deteniéndome.

- Supongo que todos tenemos nuestros secretos – continúa ella – aunque algunos son más ridículos que otros – se burla.

La intrusa me ve desde sus veinte centímetros de diferencia.

Ni siquiera es demasiado alta.

Simplemente lleva tacones gigantes.

Pero eso no es lo que me molesta.

Lo que realmente me irrita de todo esto es que Ethan no la contradice, ni siquiera hace el intento por corregirla y mucho menos me defiende.

Y es en este instante es que entiendo todo.

No importa el contrato.

No importa lo que hemos compartido este último mes.

Para Ethan yo no soy nada.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo