Capítulo 6 .
- Debo de admitir que mi esposa es más inteligente de lo que esperaba – dice Ethan tras la salida de esa mujer.
La puerta detrás de ella suena con un suave clic.
Nada dramático.
Nada intenso.
Solo la salida de alguien insignificante que quiso aprovecharse de algo tan delicado como lo que está sucediendo con Ethan.
Ahora, solo me gustaría saber que pretendía la intrusa y quien ha divulgado tal información.
Pero eso se lo dejaré a Ethan.
Si algo del Ethan que llevo viendo trabajar desde hace años aún queda, se que no lo dejará pasar como si nada.
Ethan me suelta lentamente y camina hasta el sofá donde toma asiento y fija su mirada en mi.
Aún tiene el cabestrillo.
Pero eso pareciera no incomodarle.
El silencio que se instala ahora que estamos solos es más sofocante.
Más incómodo.
Más peligroso.
- Pensé que solo eras una niña mimada – masculla en voz alta – debo de admitir que me sorprendiste.
¿Niña mimada?
No entiendo de dónde Ethan ha sacado esa idea de mi.
- Mi apellido no define mi personalidad – respondo con tranquilidad.
- ¿Ah no? – cuestiona relajándose aún mas en el sofá – a los Hall le gustan las cosas fáciles – dice con mordacidad – y recordar esas sumas tan exorbitante que ofrecí a darte tras la boda – inclina un poco su cabeza, como si me estuviera analizando – solo me confirma tu gusto por el dinero.
Sus palabras me ofenden.
Él está tratando de decir que yo soy solo una oportunista.
- Esa “suma” – digo sin disimular mi molestia – la estableciste tú – pero si eso tanto te molesta no te preocupes, jamás tuve intención de aceptarlo – le hago saber – esos miles que depositaste en mi cuenta tras la boda siguen intactos – le informo – envíame los datos y mañana mismo te los devuelvo.
Ethan ofreció a darme dinero como compensación monetaria una vez nuestro matrimonio acabará.
Al igual que una mensualidad para mis gastos personales.
Dinero que no tenía intención de aceptar desde un principio pero que él insistió.
Además, a mí no me hace falta.
Con los años he ido guardando todas mis ganancias como accionistas de la empresa familiar.
Entre eso, y el fideicomiso que se me entregó al cumplir los veintiuno he ido acumulando una cuantiosa cantidad de intereses.
No tanto como para volverme rica.
Pero si lo suficiente como para vivir bien por un tiempo si los necesitará.
Además, tengo mi sueldo.
Por lo visto Ethan piensa que yo solo soy una niña mimada que no hace nada más que gastar dinero.
Se equivoca.
Yo no dependo de él.
Ni de nadie.
- Aún hay muchas cosas que no entiendo sobre nuestro “trato” – dice lentamente.
La forma en la que él dice las cosas, como si estuviera tanteando el terreno, me irrita.
- Yo ya te expliqué todo lo que se. Si tienes una duda, llama a tu asistente.
Mi voz se mantiene firme.
Sin darle oportunidad a que él diga cualquier otra cosa camino directamente hasta la cocina.
Necesito agua.
Detrás de mí puedo escuchar como me sigue pero no volteo.
No me detengo.
- No pareces el tipo de mujer que yo escogería para casarme.
Sus palabras, aunque burlescas, son serias.
- Tú tampoco eres el tipo de hombre con el que alguna vez pensé en casarme – replicó.
Yo nunca pensé en casarme con un hombre de negocios.
Pero ahora estoy casada con uno bastante reconocido, que además siente un gran desprecio por mi familia.
Frustrada, me entretengo más de lo necesario en el refrigerador.
No quiero seguir tratando con él.
No mientras tenga esa actitud.
De pronto lo siento mucho más cerca.
Sorprendida giro solo para encontrarme que está a tan solo medio metro de distancia justo detrás de mí.
- Entonces no entiendo que hacemos juntos – réplica muy cerca de mi – hay algo que no encaja en todo esto – murmulla – y quiero saber que es.
Mi corazón de pronto empieza a latir más rápido pero aún así me obligo a permanecer firme.
No pienso demostrarle nerviosismo.
- No entiendo que quieres de mí – respondo molesta – ya te expliqué fue un simple contrato comercial.
- Un contrato comercial que no me genera ningún tipo de ganancia ni beneficio – replica rápidamente – así que hay algo más que aún no me has dicho.
- Ya te he dicho todo lo que sé – repito por décima vez – tú mismo redactaste los documentos, tú mismo organizaste la boda y tú mismo fuiste el de la idea.
Él hace una pausa.
No entiendo a qué se debe tanta terquedad de su parte.
- Si quieres saber por qué lo hiciste llama a tu asistente, a tu padre o a cualquiera de tus amigos, ellos deben de saber algo. Pero a mí solo déjame en paz – digo molesta.
- Se supone que tú eres mi esposa.
- Una esposa por contrato, nada más – respondo.
Aunque hace solo unos días tenía un pensamiento diferente en mi cabeza.
- Yo solo quiero saber por qué lo propuse.
- Ya te dije que no lo se.
- Mentira – una simple palabra pero que me hace sentir expuesta – eres una pésima mentirosa. ¿Nadie te lo había dicho antes?
Si.
Él.
Sintiéndome expuesta intento salir de la cocina pero él me bloquea el paso.
- ¿Qué quieres que te diga? – respondo frustrada – ¿Qué acaso estabas enamorado de mi y por eso hiciste todo esto? – digo rápidamente, aunque enseguida me arrepiento.
Debo estar volviendo mi estúpida.
Tengo el impulso de retractarme pero no lo hago.
No puedo demostrarle mi error.
Ante mis palabras él no reacciona.
Ni una sonrisa.
Ni una burla.
Nada.
Y eso me desconcierta.
- Lo que dije, no…
- No lo descarto – me interrumpe.
Parpadeo.
Lo que dije fue una estupidez de mi parte pero él parece tomarse las palabras en serio y eso me inquieta.
- Ethan, eso no…
- No descarto que hay una razón emocional.
Mi respiración se corta por un segundo.
- Eso es… eso es ridículo – tartamudeo – nuestra relación nunca ha sido de ese tipo – digo aunque ni yo mismo estoy segura.
- Eso aún no lo sé – susurra lentamente – porque lo que ha sucedido hoy tampoco tiene mucho sentido desde un punto de vista racional.
- ¿Y que se supone que ha sucedido? – pregunto confundida.
De pronto Ethan se acerca aún más.
Lo suficiente como para invadir mi espacio personal y hacer que mis rodillas se sientan débiles.
- Tú eres una anomalía en mi vida. Algo que no debería de existir, quiero descubrir que es lo que esto significa – dice con lenta frialdad.
Sus palabras me afectan más de lo que debería.
- No soy un experimento – digo imitando su tono de voz.
Intento utilizar el mismo tipo de frialdad con la que él me ha estado tratando durante toda está última semana.
- Tú eres… tú eres una variable que aún no se cómo definir.
Silencio.
Mi pecho sube y baja mucho más rápido.
Pero no es por emoción.
Es por molestia.
De pronto sus ojos se posan por un segundo en mis labios.
Es algo rápido.
Muy rápido.
Pero fue lo suficientemente lento como para que yo lo notara.
Siento que me encuentro en peligro.
No entiendo que quiere este Ethan.
Pero no me gusta.
Me incomoda.
Quiero al Ethan de hace un mes.
Al que me hacía sentir segura.
- Quiero saber porque decidí casarme contigo – su voz es baja y ronca.
- Eso ya lo habías dicho – respondo cansada de todo esto.
Ethan es…
- Yo solo quiero saber porque tomé esa decisión – repite lentamente.
De pronto me siento confundida.
No entiendo que quiere conseguir él con todo esto.
- Eso ya lo sabes – digo apartando la mirada – la empresa…
- No – no me deja hablar – yo quiero saber más, se que estás ocultando algo.
En silencio vuelvo a enfocar mi mirada en él.
- A partir de ahora – dice de pronto – vamos a cambiar las reglas.
No se ha que se refiere.
Y algo dentro de mi siente que nada bueno vendrá a continuación.
- Si tú insistes en que esto es un matrimonio – continúa – entonces voy a entenderlo como tal.
- ¿A qué te refieres? – no puedo evitar preguntar.
- A qué voy a observarte.
Mi respiración se detiene.
- ¿Observarme?
- Si – responde con total naturalidad – quiero entender todo de ti. Como piensas, como reaccionas. Quiero entenderlo todo.
Hace una pausa.
- Así… en algún momento podre encontrar la respuesta – continua.
- Si crees que soy una mascota para observar te equivocas, yo no soy un objeto de estudio – discuto.
Ethan que observa en silencio.
Con su mirada penetrante.
Es como si me estuviera analizando.
Y de pronto…
- Para mí ahora mismo lo eres – dice sin quitar su mirada de mis labios – tú eres justo eso – enfoca su mirada penetrante en mi – solo una mascota de estudio.
