Capítulo 1 Una broma

capítulo 1— Una broma

Narrador

Colocándose erguida, tras asentir completamente de acuerdo con las cláusulas establecidas por el abogado frente a ella en ese momento, Magdalena Benson pretendía continuar.

— Si están de acuerdo... Solo deben firmar el acuerdo, y hacerlo oficial.

Desviando la mirada a Magdalena, Ciro confirmó que estaba dispuesto a todo con un pequeño asentimiento de cabeza, y dando un paso al frente, el primero en estampar su firma en el papel sobre el escritorio fue él.

Llegado el turno de Magdalena de firmar, ella pasó la mirada de Ciro al abogado a escasos metros de ellos dos, y titubeando solo un poco antes de continuar, murmuró tratando de hacer esto más sencillo para todos.

— Estoy dispuesta a firmar, Ciro, tal como acordamos.... Pero antes de hacerlo, de casarnos, me gustaría hablar primero con Harriet, sabes que con ella no será tan fácil.

Asintiendo, sabiendo perfectamente que tenía razón, que Harriet sería un verdadero dolor de cabeza al saber sobre su futuro matrimonio, Ciro accedió a que hablase con ella antes, y firmando Magdalena también, la unión Galvani Benson era un hecho.

Con pasos apresurados, y tirando del equipaje que traía consigo tras años lejos de su ciudad natal, Harriet se encontraba emocionada de regresar. Los años fuera, alejada de sus seres queridos, se habían hecho eternos, pero con el fin de cumplir su sueño de graduarse con honores en una de las universidades más prestigiosas del mundo, todo ese sacrificio había valido la pena.

— ¿Dónde diablos estás, Miranda? Se supone que deberias estar aqui.

Recorriendo la zona de llegada con su mirada, tras murmurar en busca de una señal de Miranda, su mejor amiga, en los labios de Harriet se extendió una sonrisa al visualizarla a lo lejos, agitando su mano de un lado a otro con la esperanza de ser vista entre la multitud que recorría el lugar, y extendiendo sus brazos preparándose para un abrazo, al cruzarse sus caminos se aferraron una a la otra con fuerza.

— No sabes cuánta falta me has hecho.. Harriet ¡Al fin! Has regresado.

Separándose tras un momento tan íntimo, cargado de emociones, sentimientos, Miranda recorrió de arriba a abajo el cuerpo de Harriet para confirmar que no se trataba de una ilusión, de un sueño, que ciertamente estaba allí, frente a ella, que había regresado tras cinco años en el extranjero, y negando Benson solo pasó un brazo sobre el hombro de Miranda antes de empezar a caminar a la salida, tirando de su equipaje.

— Sí, regresé... Y es para siempre... Para retomar mi vida, tal como la deje.

Soltando una pequeña carcajada que era de felicidad pura al volverse a encontrar, las amigas empezaron a caminar a la salida del aeropuerto, y manteniéndose en la puerta del mismo, mientras el valet traía el auto de Miranda, el teléfono de Harriet empezó a sonar.

— Debe ser mi madre...

Sacando el teléfono del bolsillo de su gabardina, Harriet se apresuró a deslizar el dedo sobre la pantalla para responder la llamada, y escuchándose del otro lado la voz de Magdalena, esta fue la primera en hablar.

— Harriet, me imagino que ya estás en la ciudad.

Asintiendo, viendo como en ese momento el auto de Miranda se detenía frente a ella, el valet procedió a entregarles la llave, y preparándose para abordarlo, Magdalena siguió del otro lado de la línea.

— Esta noche me gustaría que saliéramos a cenar... No solo para celebrar tu regreso sino también para hablar un tema sumamente importante, un tema que cambiará nuestras vidas para siempre.

Siendo despojada de su equipaje, el cual fue subido de inmediato al auto en el que partirían, las palabras de Magdalena retumbaron en la cabeza de Harriet, y sonriendo un tanto descolocada por la seriedad con la que esta hablaba, la misma que sintió que le heló la piel, soltó tratando de hacerle una broma a su madre sin saber que era la verdad.

— No me digas que estamos en bancarrota, o peor aún... Que te vas a casar de nuevo... Te escuchas tan seria madre, cualquiera creería que ha pasado una tragedia.

Formándose un largo y profundo silencio del otro lado de la línea, Magdalena se mantenía con los labios apretados tras el acierto de su hija, y soltando una risita de incredulidad, Harriet volvió a preguntar presintiendo que la última opción era la más probable.

— ¿Te casarás de nuevo? Dime que estás bromeando... Que estoy loca, madre.

Murmurando en espera de una respuesta, Harriet vio como Miranda estaba a punto de abordar el auto, pero deteniéndose en seco al ver la cara de desconcierto de su amiga, esta preguntó apoyando una mano sobre el techo del vehículo.

— ¿Está todo bien? Te ves pálida, Harriet.

Aferrando la mano al teléfono que mantenía pegado a su oreja esperando la respuesta de Magdalena, Harriet asintió forzadamente, y siguiendo al interior del auto, Miranda esperaría por ella para partir.

— Entonces madre ¿Qué es lo que sucede?— Tomó un poco de aire sintiendo que moriría si esta no respondía — Me estás asustando.

Liberando el aire del otro lado de la línea, sabiendo que esa conversación estaba por venir quisiera o no, Magdalena se colocó de pie, y caminando hasta el amplio ventanal de su oficina, el cual le regalaba una espléndida vista de la ciudad, respondió tras pasar saliva.

— Me casaré de nuevo, Harriet... En dos dias, pero antes de hacerlo me gustaría hablarlo contigo.

Sintiendo como un balde de agua fría era derramado sobre su cabeza, Harriet liberó una bocanada de aire seguido de una risilla nerviosa, y agitando su cabeza un par de veces incapaz de aceptarlo, respondió aún descolocada.

— Estás jugando conmigo, ¿cierto? ¿Te vas a casar en dos dias, así de la nada, mamá? Déjame adivinar... Con uno de los viejos babosos que forman parte de la junta de accionistas... Navarro es que se llama ese hombre de bigotes que no paraba de insistir que salieran tras la muerte de mi padre.

Manteniéndose en silencio del otro lado, Magdalena creía que lo mejor en ese momento era encontrarse para hablar en persona un tema tan delicado, y pasando saliva, sabiendo que no sería nada sencillo, solo respondió.

— Debemos hablar... Te dije que es un tema demasiado serio como para discutirlo por teléfono.

Bajando la mirada al suelo, Harriet negó una vez más sintiendo que no podía sostener esa conversación, y remojando sus labios, se limitó a responder antes de finalizar la llamada.

— Ahora no puedo hacerlo, madre... Pero si ya lo has decidido no hay nada que discutir.

Terminando la llamada, Harriet procedió a guardar el teléfono en el bolsillo de su gabardina, y abordando el auto de Miranda finalmente, solo le pidió.

— Me llevas a cualquier lugar que no sea mi casa... No quiero ver a Magdalena en este momento.

Sabiendo que las cosas no andaban para nada bien, pues el rostro de su amiga lo denotaba con claridad, Miranda se limitó a asentir, y colocando el auto en marcha, Harriet pretendería olvidar que la mujer que le dio la vida se casaría de nuevo con quien ella menos lo esperaba.

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