Capítulo 6 Lejos de mí

Capítulo 6— Lejos de mí

Narrador

Cerrando la puerta con un clic seco, Ciro caminó detrás de Harriet, quien al llegar a su cómoda se recargó sobre la misma, y sintiendo el escozor de sus ojos hacerse presente, ella fue la primera en hablar.

—No sé qué mierdas vienes a hacer aquí. ¡Pero lárgate de una buena vez!

Sin siquiera voltear a verlo, Harriet soltó, y dando un paso al frente con cautela, despacio, Ciro no saldría de allí sin primero hablar con ella, tal como se lo dijo a Magdalena.

—No lo haré, primero tenemos que hablar.

Colocándose de pie a sus espaldas, el pecho de Ciro se pegó a Harriet, quien permanecía con los labios apretados tratando de mantenerse serena cuando en realidad una tormenta se gestaba en su interior, y tomando un poco de aire en un intento de parecer imperturbable cuando no lo estaba, se giró para observarlo a la cara.

—¿Qué es lo que tenemos que hablar? ¿Que te casarás con mi madre? ¿O que anoche nos acostamos?

Permaneciendo en silencio por un momento, sabiendo que había sido un verdadero desgraciado al no contarle la noche anterior que en dos dias contraería matrimonio con Magdalena, Ciro no supo qué decir, y soltando una risita baja, cargada de una mezcla de incredulidad por su descaro, e ira contenida, Harriet soltó.

—Eres un verdadero descarado... Sinceramente pensé que podrías haber cambiado durante estos años, pero veo que no es así... Que eres el mismo.

Pasando por su lado, Harriet pretendía sacarlo de su habitación pues no había mucho que decir tras escuchar el discurso de su madre en donde le decía que se había enamorado del hombre frente a ella, y tomándola de su brazo, Ciro tiró de este para acercarla a su cuerpo quedando a escasos centímetros, ocasionando que sus respiraciones chocaran por la cercanía.

—Será mejor que guardes silencio, Harriet, no sabes lo que dices.

Sonriendo ampliamente por su respuesta la cual solo trataba de justificar lo idiota que era, Harriet ladeó la cabeza a un lado con una ceja ligeramente enarcada, y tomando un poco de aire, preguntó.

—¿Ah, no? ¿Y qué es lo que eres? Porque según sé, acostarte conmigo, y hoy venir a mi casa a anunciar tu matrimonio con mi madre es lo más bajo que le puedes hacer a una mujer.

Apretando los dientes deseando dar una explicación lo suficientemente razonable como para apaciguar el desprecio que se denotaba en la mirada de Harriet, Ciro quería hablar, pero sabiendo que no podía hacerlo por el contrato firmado previamente, es que prefirió callar.

—Me das asco.... Ahora lo que puedo sentir por ti es repulsión genuina. Incluso yo misma me aborrezco... Acostarme con el mismo hombre que mi madre. —Ella negó sintiendo como un nudo se formaba en su garganta— No puedo, Ciro.

Pretendiendo tirar de su brazo, Harriet pretendía apartarse de él, y aferrándose con más fuerza a ella cuando sintió que estaba a punto de zafarse, Ciro la tomó de su mentón con fuerza.

—No sabes lo que dices, Harriet. Será mejor que no digas nada más.

Reduciendo cada vez más la distancia entre los dos mientras sus respiraciones se agitaban cada vez más por el forcejeo, y una tensión densa se hizo presente en el lugar. Un solo movimiento y un beso iniciarían.

—¿No sé lo que digo, Ciro? ¡Por favor!

Sintiendo las piernas temblorosas, y una agitación inexplicable en su pecho, Harriet pasó saliva sintiendo que estaba a punto de caer, y conteniendo el aire permaneció inmóvil. El infeliz ante ella la había utilizado, había jugado con sus sentimientos la noche anterior. No podía sentir nada por él, se negaba a hacerlo.

—No, no sabes lo que dices. —A este punto ninguno de los dos podía resistirse más— Si supieras la verdad, no te estarías comportando así.

En un hilo de voz Ciro soltó, y sin poder resistirse más la atrajo de nuevo a su cuerpo, sus manos recorriendo su espalda, y sin más preámbulo, tomó sus labios en un beso hambriento, profundo, que borró cualquier pensamiento que ambos pudieran tener.

Ella no se resistió; al contrario, se aferró a Ciro con una intensidad que igualaba la suya. Él sintió sus manos recorrer su pecho, deslizándose hacia sus hombros. Con cada segundo que pasaba, la urgencia crecia mas, y cuando él pensó que la tenía rendida a sus pies, el puño de Harriet se impactó sobre su pecho, una vez, dos veces, tres veces.

—Eres un maldito infeliz.

Sin dejar de besarlo murmuró sobre sus labios, y pensando que se trataba de uno de sus berrinches, una escena más de niña caprichosa, Harriet elevó su rodilla y la impactó directo entre sus piernas haciéndolo caer encorvado.

—¡Que sea la última vez que te atreves a tocarme! ¡A poner tus sucias y asquerosas manos sobre mí!

Permaneciendo en el suelo en posición fetal sintiendo el dolor punzante de su ingle extendiéndose por cada una de sus terminaciones nerviosas, Ciro no pudo responder absolutamente nada debido a su estado, e inclinándose ligeramente hacia él, siguió.

—¿Qué pensabas? ¿Que sería tu putilla de turno mientras te casas con mi madre?— Harriet se sonrió sin poder creer lo que este pretendía— Pues estás equivocado, Ciro, no te quiero cerca de mí.

Empezando a caminar hacia la puerta, Harriet abrió esta mientras Ciro permanecía tirado en el suelo recuperándose de su ataque, y abriéndola, ella le señaló la salida.

—No quiero verte

Con las pocas fuerzas que le quedaban, Ciro como pudo se colocó de pie, y caminando arrastrando un pie, casi a punto de caer al llegar a Harriet, soltó:

—Te vas a arrepentir de esto, Harriet.

A lo que ella le sonrió de lado deseando estrangularlo con sus propias manos por burlarse de ella.

—No lo creo, lo que sí te diré es que agradece que es mi madre la mujer con la que te casarás, y por que es ella no diré nada de lo que pasó, pero más te vale que te alejes de mí.

Haciendo de su mano un puño, Ciro solo salió de la habitación de Harriet quien lanzó la puerta a sus espaldas, y pasando las manos por su rostro un par de veces las lágrimas quisieron salir de nuevo pero prefirió tragárselas, él no las merecía, no después de lo que estaba haciendo.

Acercándose a la cama, Harriet se dejó caer sentada en el borde de la misma, y recordando la empresa, la misma que su padre había levantado con tanto sacrificio se colocó de pie enseguida, pensando que ese era el objetivo de Ciro. Que si bien él también venía de una familia poderosa, al casarse con su madre él tendría derecho sobre ella.

Pasando las manos por su rostro con la intención de eliminar cualquier rastro de las ganas de llorar que sintió, Harriet se miró una vez más en el espejo antes de salir, y bajando las escaleras de prisa, al llegar al comedor dispuesta a defender lo que le pertenecía de ambos solo encontró a Magdalena, quien no paraba de llorar.

—¡Harriet, hija!

Colocándose de pie esta trató de acercarse a ella, y retrocediendo este era su momento de hablar.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo