Capítulo 129

El arco era más pesado de lo que esperaba, pero se asentó en mi mano como si perteneciera allí, y la comodidad de su familiaridad me tranquilizó.

Un silencio recorrió la multitud cuando entré en el área acordonada. Mi estómago se revolvía—no por miedo, sino por la pura conciencia de cuántos ojos se...

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