CAPÍTULO 103: Nadie intimide a mi hija

ANGELA

El aire del hospital apestaba a antiséptico y tristeza rancia, pero nada de eso se comparaba con la podredumbre que se arrastraba bajo mi piel.

Selena.

Mi hija.

Parecía que el sueño la había robado del mundo, un fantasma pálido de la feroz niña que una vez conocí solo por historias susurr...

Inicia sesión y continúa leyendo