CAPÍTULO 125: Belleza, sangre y papel

Tessa yace desplomada contra la fría y húmeda pared, con las muñecas atadas con cadenas. Su respiración es superficial, su rostro pacífico, casi inocente en su sueño.

Pero no merece paz. Ni siquiera en sueños.

Agarro el oxidado asa del cubo a mi lado. El agua se agita suavemente dentro, helada y e...

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