CAPÍTULO 126: Ella es mía

EMMANUELLE

Me retuerzo como un animal atrapado, las muñecas ardiendo contra las cuerdas, la voz ronca de tanto gritar.

—¡Adam! ¡ADAM! ¿Dónde diablos estás?

Silencio.

Ni siquiera el eco de pasos, solo el frío roce del papel sobre la mesa de acero frente a mí.

La almohadilla de tinta aterriza jun...

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