Capítulo 30: Un dolor que nunca olvidaré

SELENA

—¿Qué estás haciendo?— Mi voz se quiebra mientras grito, el pecho se me agita, el pánico recorriendo cada centímetro de mí. Las manos de Stephen, ásperas e implacables, desgarran mi ropa como si fuera papel. Los hilos se rompen. Los botones se dispersan. El aire frío muerde mi piel.

—¡Por f...

Inicia sesión y continúa leyendo