Capítulo 54: Ojos bonitos, mano oscura

El colchón se hundió.

No me atreví a moverme. No moví ni un músculo.

Su aroma, afilado como pino triturado y algo más oscuro, invadió mi espacio, impregnando las sábanas y asfixiando el aire. Cada nervio de mi cuerpo gritaba, pero me quedé quieta. Si él pensaba que estaba dormida, tal vez, solo t...

Inicia sesión y continúa leyendo