Capítulo 58: Perteneciendo al monstruo

SELENA

—No —susurro, con la voz quebrada—. Por favor... no, Stephen.

El aire en su oficina está cargado con algo frío y caro, cuero, colonia, poder. Mi espalda se hunde en el brazo del sofá marrón oscuro, sus bordes presionando contra mi columna. Su mano, ya implacable, se aprieta entre mis muslos...

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