Su para romper 2

No dijo una palabra. Tenía la mandíbula apretada, su lobo brillando justo debajo de la superficie de sus ojos. Podía ver el cambio arrastrándose bajo su piel como algo vivo.

El agua golpeó una herida fresca en mis costillas, y grité, encogiéndome sobre mí misma.

—Me estás lastimando— gemí.

—Te es...

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