CAPÍTULO 9: Mi torturador

Selena

Mi respiración era entrecortada y mi corazón latía con fuerza en mi pecho, un tambor que resonaba en mis oídos. No sabía hacia dónde corría, pero no podía detenerme. La casa—su casa—era enorme, cada pasillo se torcía en otro, un laberinto del que no podía escapar. Cuanto más corría, más lo o...

Inicia sesión y continúa leyendo