Capítulo 24

Una maldición baja.

Y luego

Una inhalación aguda, un gemido ahogado.

Sabía que acababa de venirse.

Y nunca me había sentido más poderosa.

Me quedé allí, jadeando, con los dedos todavía entre mis muslos, la humedad goteando sobre mis sábanas. Mi teléfono seguía contra mi oído, la respiración pes...

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