Capítulo 33

Elara se sacudió una hoja de la sudadera, mirándome con ese brillo de complicidad en los ojos.

—Entonces, déjame entender esto bien… —empezó, acomodándose en el banco del parque—. ¿Tú y Ryder ya se han acostado?

Gemí. —¿Puedes no decirlo así?

—¿Por qué? —Sonrió con picardía—. ¿Porque suena exactamen...

Inicia sesión y continúa leyendo