La ceremonia del lobo.

Era un día tan frío que por eso estaba acurrucada en mi habitación, enterrada en la cama más suave del mundo.

Estaba leyendo un manga mientras mi mejor amiga, Jessie, jugaba con sus muñecas Barbie.

De pronto, Jessie se trepó a mi espalda y estiró los brazos hacia el aire. Se tambaleó, tratando de mantener el equilibrio, mientras a mí me dolían los huesos de la manera más incómoda posible.

—¡Bájate de encima! —le grité a Jessie para que dejara de subirse sobre mi cuerpo; era bastante molesto y doloroso.

—Mira qué alto puedo volar; es algo hermoso —canturreó bajito una de sus canciones favoritas de los dibujos animados de Barbie.

Puse los ojos en blanco.

—¿Vas a dejar de cantar? Es fastidioso, y bájate de mi espalda ahora mismo, Jessie. No quiero repetirme, Jessie.

—Vamos, solo quería saber qué tan alto puedo volar.

Jessie se quitó de mi espalda y saltó feliz encima de mi cama, haciendo que yo rebotara.

—¿Saltando sobre mi cuerpo? —me burlé—. Podrías intentar hacerlo en el cielo, parándote en el techo de esta mansión, y ver qué tan alto puedes volar —dije con sarcasmo.

Probablemente se va a caer y se va a destrozar los huesos.

Jessie simplemente me ignoró, soltó una risita estridente y miró el manga que yo estaba leyendo.

—Leyendo otra vez cómics BL —sonrió.

—Sí —enfatizé, poniendo los ojos en blanco.

—¿No es raro estar leyendo este género de manga todo el tiempo? Yo prefiero los romances a los BL. Y además, Oceana, eres menor de edad. Se supone que no deberías leer esas cosas.

—Yo leo los que están llenos de mucho amor, no cosas malas.

No tiene por qué saber lo que leo. Sería vergonzoso explicárselo.

—Y no me importa si el romance es tu preferencia o lo que sea que elijas leer. Esta es la mía, y además, a ti ni siquiera te gusta leer —se lo señalé.

—Sí, leer me marea —puso los ojos en blanco en un círculo, riéndose.

—Eso pensaba, así que déjame en paz —murmuré.

—Odio leer; ¿por qué te encanta leer manga? ¿No te aburre? Yo prefiero ver Barbie. Mis Barbies favoritas son “La princesa y la plebeya”, “Barbie: El secreto de las hadas”, “Barbie en El cascanueces” y “Barbie y las doce princesas” —dijo radiante, y cantó—: Eres igual que yo. Yo soy igual que tú. Hay otro lugar en el que quisiéramos estar...

Puse los ojos en blanco.

—¡Suficiente! Ya escuché suficiente de tus títulos y canciones de Barbie.

—Pero son las mejores; me encantaría convertirme en una Barbie algún día. ¿Sabes lo que eso significa? Podría vivir en un castillo para siempre con mi príncipe encantador, o podría ser Cenicienta, ¿no crees?

Qué cumplido tan ridículo… o mejor dicho, ¿una afirmación? Estamos en el mundo real, no en una fantasía. ¿Quién quiere convertirse en una Barbie?

—Vamos, Oceana, contéstame.

—¿Qué te pasa? Déjame en paz, Jessie —aparté el cuerpo de ella y me acomodé bien en mi suave cama color durazno y mi almohada esponjosa, concentrándome en mi manga.

—No, no lo haré —dijo ella, incorporándose del lugar que ocupaba en la cama—. Solo estoy haciendo una pregunta simple que necesita una respuesta simple —bostezó, cubriéndose la boca, y se acercó un poquito más a mí—. Mi mamá va a matarme si no aparezco en la ceremonia de los hombres lobo. Oceana, vamos.

Se puso de pie del todo y casi me arrastró con ella.

Jessie Paxon es mi amiga de la infancia.

Hemos sido amigas desde que éramos bebés, porque nuestros padres también han sido mejores amigos desde antes de que siquiera naciéramos.

Jessie es una Beta de ocho años. Es como una hermana del Clan Paxon.

Tenía el cabello rubio recogido en una cola de caballo, una nariz redonda, ojos azules; era muy bajita, de piel blanca, lisa y suave, y con manos casi pequeñitas.

Sus labios eran tan rojos como una paleta.

Es algo raro, ¿no? Usar el término “paleta”. Bueno, es la mejor manera que tengo de describir lo rojos que eran sus labios.

Es tan hermosa, incluso siendo una bebé, que no puedes pasar junto a ella sin mirarla dos veces.

Usamos casi la misma ropa y nos vestimos con el mismo estilo; si ella se arregla el cabello, yo también me arreglo el mío.

Hacemos casi todo igual, tanto que la gente nos confundía y pensaba que éramos hermanas gemelas, y bueno, no me molestaba; ella es la única que tengo en este mundo, y yo solo era dos años mayor que ella.

Es como una hermana para mí; no me importaba que no fuera mi hermana de sangre.

Somos casi lo mismo, y aun así la única diferencia entre nosotras es que mi cabello largo es blanco, mis ojos, oscuros y brillantes, son un poco rojizos, como del color del vino.

Tengo la nariz puntiaguda; me encanta usar vestidos rosa en ocasiones especiales. Y jeans y una sudadera con capucha para ir a la escuela.

Soy una Alfa, la princesa del Clan Mackenzie, e hija del gobernante de los reinos.

Estoy en el rango más alto como Alfa.

Suspiré por quinta vez.

—La ceremonia trata de que los lobos conozcan a su supuesto compañero destinado y se vinculen con él, ¿no?

—Sí, como mi hermana tiene dieciocho, va a conocer a su compañero. Se besan y se vinculan.

Sus mejillas sonrojadas brillaban de emoción; siempre sueña con conocer a su príncipe azul cuando apenas tiene ocho años. ¿No se supone que los niños deberían estar pensando en jugar y comer todo el día en vez de soñar con un príncipe encantador desconocido?

Qué tonta.

—Y tu mamá quiere que asistas; ni siquiera eres adolescente todavía —razoné.

¿Por qué los padres están tan obsesionados con juntar a sus hijos con esa cosa del compañero predestinado?

¿Es algún tipo de maldición o algo así?

—Lo sé, pero solo quiero ver cómo es y conocer a mi príncipe azul —dijo, soñadora.

—Guácala. Eso va a ser asquerosísimo —fruncí el ceño con desdén—. Ver a un montón de alfas dándose un festín con su compañero o a un montón encima de una sola persona, todos gimiendo y haciendo ruidos estúpidos. Deberían prohibirnos ese tipo de ceremonia; somos niños. Tú sigues siendo una niña; ¿por qué estarías soñando con conocer a tu compañero a esta edad? Se supone que debemos ser niños, no adultos.

—No importa si una niña se encuentra con su compañero en esta época; no seas aguafiestas. Yo quiero un compañero, y no me importa si tú quieres uno o no.

Jessie se rio a carcajadas por lo que dije.

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