Capítulo 1 1
Capítulo 1
POV Katherine
Cuando papá y mamá se separaron yo tenía quince años. Él un dia desapareció de mi vida. No llamó, no escribió, no apareció ni siquiera el día de mi graduación de la preparatoria. Mamá intentó explicármelo, pero al final solo repetía que “las cosas entre adultos son solo de adultos”. Y un dia dejé de preguntar.
Mamá murió justo el día que cumplí dieciocho. Un cáncer que se la llevó en menos de seis meses. De repente me quedé sola en el departamento que alquilábamos, con una cuenta de banco casi vacía y la decisión de seguir estudiando medicina porque era lo único que me mantenía ocupada, mamá había dejado un fideicomiso para mis estudios y no iba a irrespetar su deseo de verme como medico. Me independicé a las malas. Pagaba el alquiler, compraba la comida, estudiaba hasta las tres de la mañana y dormía cuatro horas. Mi vida se convirtió en un caos.
Empecé a tener relaciones sexuales a los dieciocho, como una forma de llenar el hueco que dejó mamá. Al principio fue con chicos de la universidad. Rápidos, torpes, en habitaciones compartidas o en el asiento trasero de algún auto. Después probé con una chica, Laura, compañera de prácticas. Fue diferente. Sus manos eran más suaves, sabía exactamente dónde tocarme, pero igual terminé sintiendo lo mismo: placer físico, sí, pero nada que me hiciera sentir plena.
Nunca llegué al orgasmo. Ni con hombres ni con ella. Me corría cerca, muy cerca, pero siempre se me escapaba en el último segundo. Me quedaba con esa frustración en el pecho, como si mi cuerpo me estuviera fallando.
Después de 5 años así, recibí una carta de papá, me pedía venir a verlo con urgencia, además de adjuntar el boleto de avión.
No quería, lo odiaba después de tantos años de soledad, pero al verme sola y sin rumbo quise cambiar y recibir una respuesta a su abandono
Vendí lo poco que tenía, dejé el apartamento y compré un boleto de avión de vuelta a casa. Quería terminar la carrera en la universidad donde papá había estudiado.
Esa noche antes de irme a la ciudad a enfrentar mi yo, fui a un bar a beber como loca, no estaba bien de la cabeza, buscaba validación donde no la iba a encontrar en los hombres.
Empecé a bailar con Joaquín, el tipo rudo de la ciudad que siempre me deseo, me agarró fuerte de la cintura, frotando su dureza en mi pierna
—Vamos preciosa, me tienes caliente —me susurró al oído.
Me besó el cuello y me tocaba brusco. El nunca me gusto, siempre fue patán conmigo.
—No quiero, tengo un viaje mañana —me aparte intentando sonar amable.
—Todos te conocen en esta ciudad, saben lo fácil que eres de llevar a la cama, así que no te hagas la difícil en interesante.
Me intento jalar a la fuerza pero yo mantenía mi posición.
—¡Que no quiero! —le grite enojada.
—Tu vas a ser mía —gruño con los ojos desorbitados de rabia.
En ese momento alguien me tomo de la cintura y me apartó siendo muy protector.
—¿Pasa algo? —dijo el hombre guapo elegante en imponente.
—¡No te metas idiota! —gruño el imbécil que quería hacerme daño.
—La señorita dijo que no, así que me meto.
Le enseño que tenía un arma en su cintura, el imbécil retrocedió y se fue del bar.
Suspire aliviada, y le agradecí con lágrimas en los ojos.
—Eres un caballero.
—Si quieres te acompaño a tu casa.
Accedí, no sabía si ese idiota me esperaría en la calle, aquel desconocido aunque tuviera un arma en su cintura, era la mejor opción.
Caminamos hasta mi departamento.
—No te metas en problemas, se ve que eres una mujer linda y especial —sonrio.
—No me conoces, no tengo nada de linda mi especial, soy más gatita juguetona —le coquetee un poco.
Me atraía mucho aquel hombre, no solo porque me defendió, se veía varonil y fuerte, ese tipo de hombre que uno no cree está a su alcance.
—¿Quieres pasar? —suspire, mi invitación iba más allá.
El subió a mi apartamento, le servi una taza de café y para mi sorpresa no paso nada, solo hablamos, de la vida en general porque ni siquiera nos dijimos nuestros nombres.
Me quedé dormida en su regazo, era la primera vez que no hacía nada con un hombre aunque con el se que hubiera sido lindo el intenso, cuando desperté en la mañana ya no estaba.
Me vestí rápido y salí a toda prisa para no perder mi vuelo.
Me senté en el asiento de ventanilla en primera clase. El avión todavía estaba vacío cuando un hombre alto se acomodó a mi lado.
Gire para verlo y era el.
—¿Me estas siguiendo? —le dije burlona.
—Creo que eres tú la que me persigue —bromeo —Parece que vamos a ser vecinos por 24 horas —dijo con una sonrisa y una voz varonil
Sonreí sin poder evitarlo. —Eso parece.
Durante el despegue hablamos poco. Tonterías sobre el clima y el vuelo. Pero cuando las luces se bajaron y la mayoría de los pasajeros se pusieron a dormir, sentí una llama crecer en mi abdomen.
—Eres muy linda, y creo que piensas que soy un idiota porque anoche ...
Negué con la cabeza
—No paso nada físico pero si emocional, nunca conecte tanto con alguien —le confesé.
Me besó, sin decir una palabra más me besó y algo, una llama se encendió entre los dos.
Nunca nadie me había hecho sentir especial, nunca nadie me había hecho sentir segura como el.
Se separó de inmediato y me pidió disculpas
—No quiero que pienses que me aprovecho de la situación.
Negué con la cabeza y lo tome de la mano.
—No pienso eso, también me gustas, me atraes mucho.
El suspiro y me miró a los ojos
—Tengo un compromiso en casa y...
Coloque mi dedo en su boca, era una locura, pero si podía vivir este sentimiento por unas horas, en medio de mi soledad era suficiente para mí.
Saque mi dedo meñique y lo entrelace con el suyo.
—No quiero destruir tu vida, pero los dos sabemos que si no pasa nada, siempre vamos a pensar en el que hubiera sido —suspire dándole un beso en los labios —Solo somos dos desconocidos y al bajar del avión, nunca nos conocimos.
Saqué la manta que daba la aerolínea, la extendí sobre los dos y deslicé mi mano por debajo. Mis dedos rozaron el bulto de su pantalón. Estaba caliente. Él se tensó, pero no se apartó.
Sus ojos bajaron hasta donde mi mano se movía despacio, arriba y abajo,
presionando con la palma. Respiró profundo.
—No juegues con fuego, preciosa —murmuró. Su voz sonaba ronca.
