Capítulo 4 4

Capítulo 4

El día del funeral llovía un poco. La iglesia estaba llena de gente que yo no conocía. Patrick y Susana se paraban en la puerta saludando a todos. Él estrechaba manos y ella abrazaba con cara de tristeza. Yo me quedé sentada en la última fila. Nadie se acercaba a mí. Era como si fuera una extraña en el entierro de mi propio padre.

Cuando llegó el momento de los discursos, me levanté sin pensarlo mucho. Mis manos sudaban y el corazón me latía fuerte. Caminé hasta el micrófono y lo agarré con fuerza para que no se notara el temblor.

—Mi padre me abandonó cuando tenía quince años —dije por dentro sentía que me ahogaba—. Después de que mamá murió, me dejó sola. El ya no era nadie para mi. Ahora tiene una familia que lo llora de verdad. Yo no lo necesito.

Bajé del podio y caminé hacia la salida. Sentía todas las miradas sobre mí. Apenas llegué a la calle corrí con las piernas temblando hasta llegar a un parque cerca de la iglesia, Patrick me alcanzó. Me agarró del brazo.

—Espera, Katherine —dijo bajito. sonaba preocupado, sus ojos me miraban fijo

Me solté de un tirón. —¡Déjame en paz! —grité —. ¡Tú y tu madre se quedaron con todo! ¡Me quitaron a mi papá y ahora actúan como si yo fuera la intrusa! ¡Los odio!

Patrick no se movió. Solo me miró y luego me abrazó fuerte contra su pecho. Yo intenté empujarlo, pero mis fuerzas se fueron. Empecé a llorar. No podía dejar de hacerlo y las lágrimas mojaban su camisa. A pesar de todo lo que había dicho, sí quería a mi papá. Lo había extrañado todos estos años y ahora ya no estaba.

—Papá Julio hablaba de ti todo el tiempo —murmuró Patrick contra mi pelo. sentí cómo su pecho subía y bajaba rápido—. Me hizo prometer que te cuidaría si algo le pasaba.

Levanté la cara. Tenía los ojos hinchados y la nariz moqueando. Lo miré un segundo y luego lo besé. Fue un beso tierno, con sabor a lágrimas. —Esto está mal —susurré contra su boca.

Patrick respiró profundo. Sus manos apretaban mi espalda. —Esto está prohibido, ahora somos hermanastros —dijo, pero igual me devolvió el beso un segundo más antes de soltarme.

Ese era el beso de despedida, creo que los dos sabíamos que una relación era imposible.

Llegamos a la casa en silencio. Apenas cerramos la puerta, Susana se me acercó con la mirada llena de rabia. —¡Eres una estupida! —gritó—. ¡Viniste aquí solo para hacernos pasar vergüenza!

Me dio una cachetada fuerte. La mejilla me ardía. Patrick se metió entre las dos de inmediato.

—¡Basta, mamá! —dijo con voz firme. Tenía esa actitud sobreprotectora —. Ella también perdió a su padre. Déjala en paz.

No quise escuchar más. Subí las escaleras corriendo y me encerré en mi habitación. Me tiré en la cama y me quedé mirando el techo. Un rato después tocaron a la puerta. Patrick entró con una bandeja de comida.

—No tengo hambre —dije sin mirarlo. Mi voz salió como un hilo pero intentaba sonar fuerte.

Él dejó la bandeja en la mesa y se acercó. Se quitó los zapatos y se acostó a mi lado. Me abrazó por detrás sin decir nada. Nos quedamos así, abrazados, sin sexo, solo sintiendo el calor del otro. Yo lloré un poco más hasta que me dormí.

Al día siguiente nos reunimos los tres en el estudio. El abogado estaba sentado detrás del escritorio. Susana tenía una sonrisa burlona y me miró de reojo.

—Seguro te dará una mensualidad para que vivas un tiempo —dijo sarcástica —. Tómalo y desaparece.

El abogado carraspeó y empezó a leer.

Primero una carta de papá dirigida a todos.

“Katherine, perdóname por todo lo que te hice al dejarte sola. Tu madre fue el amor de mi vida. Gracias, Susana, por los años que estuvimos juntos y por cuidarme cuando más lo necesitaba.” Luego se extendió en halagos para Patrick: que había sido un hijo maravilloso, responsable y leal.

Cuando llegó la hora de leer lo que dejó, Susana se puso ansiosa, casi feliz de su muerte , la verdad yo no quería nada Material, no quería nada de el.

—La casa, las empresas, las propiedades en el extranjero y todas las cuentas bancarias son para Katherine. La única condición es que permita a Susana y Patrick vivir en la casa y les de una mensualidad para que vivan cómodamente, además quiero que deje a Patrick como CEO de las empresas, estás condiciones podra romperlas solo el día que se case y tenga un hijo.

Susana se levantó de golpe.

—¡Eso no puede ser! ¡No voy a compartir nada con esta niña!

La miré directo a los ojos. —Yo soy la hija legítima. Tú eras la amante, y él siempre lo supo.

Ella empezó a respirar agitada. Fue con el abogado y este le dejo Claro que no había nada que hacer, toda la herencia de papá era mia, de repente Susana se puso pálida y se desmayó. Patrick la agarró antes de que cayera al suelo.

La llevamos juntos a urgencias. En la sala de espera, Patrick se sentó a mi lado. Tenía las manos juntas y miraba al piso.

—Lamento todo esto —dijo en voz baja—. Sabía que mi mamá era la amante de tu papá. Siempre me avergoncé de eso. Pero Julio fue como un padre para mí.

Lo miré. El no tenía la culpa de nada . —Aceptaré las condiciones de papá —susurré—. Quiero tu apoyo.

En ese momento una mujer entró corriendo a la sala. Se acercó a Patrick y lo besó en la boca. Era alta, peliroja y muy guapa. Se giró hacia

mí con una sonrisa.

—Hola, soy Caroline, la novia de Patrick.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo