Capítulo 5 5

Capítulo 5

Miré a Patrick algo celosa, sabía que ella existía y que era importante para el. El corazón me latía rapido y sentía que la cara me quemaba. Caroline estaba parada a su lado, con una sonrisa gentil.

—Soy Katherine, su hermanastra. —Las palabras me salieron frías. Sentí vergüenza al decirlo delante de ella.

Era la mujer que se acostó hace tan solo unos días con su novio en un avión, Patrick apartó la mirada de inmediato.

Caroline me miró con ojos tiernos y preguntó con una actitud dulce.

—¿Y Susan? ¿Qué le pasó? Supe que se enfermó, acabo de llegar de viaje y vine de inmediato.

Patrick respiró hondo antes de contestar. Tenía las manos metidas en los bolsillos y los hombros rígidos.

—Solo fue un ataque de ansiedad. Nada grave —dijo mientras evitaba mirarme a los ojos.

El médico salió poco después y nos dijo que Susana podía irse a casa. Firmamos los papeles en medio de una situación que era tensionante. Durante el trayecto de regreso a casa nadie habló. Yo iba sentada atrás, mirando por la ventana, con un nudo en el estómago que no se me quitaba.

Esa noche, ya en la casa, intenté dormir temprano. Pero entonces escuché los gemidos que venían de la habitación de Patrick. Eran de Caroline que gritaba excitada, entre jadeos:

—¡Me voy a venir! ¡Sí, así!

Me quedé congelada en la cama un segundo, odiaba lo que estaba pasando en esa habitación y me di cuenta que sentí celos, me dio rabia tenerlo que admitir.

Me levanté cerré la puerta de mi habitación con más fuerza de la necesaria y me puse los audífonos. Subí la música al máximo para no escuchar nada. Me quedé con los ojos abiertos en la oscuridad, respirando agitada y odiándome por sentirme así, por querer ocupar el lugar de Caroline en su cama.

Muy temprano en la mañana nos reunimos los cuatro en el comedor. Susana y Caroline hablaban y hablaban como si fueran amigas de toda la vida. Yo me senté en silencio, removiendo el café con la cuchara. Caroline se giró hacia mí con esa sonrisa amable que me hacía sentir culpable.

—¿Y tú, Katherine? ¿Qué planes tienes ahora?

La miré un segundo y respondí fingiendo seguridad.

—Buscaré una universidad en la ciudad para empezar mi residencia como médico y escoger mi especialidad.

Caroline soltó una risita tierna

—Ahora eres millonaria, no tienes que terminar tu carrera de médico, las mujeres nacimos para ser esposas, Encontrarás un esposo que te ayude con los negocios.

Abrí los ojos, en que siglo se había quedado esta niña, Patrick, que hasta ese momento había estado callado, levantó la mirada

—Ella no puede encontrar a nadie.

Lo miré directo a los ojos muy molesta por su comentario

—Soy libre y si me caso traeré a mi esposo a esta casa. El testamento es claro: cuando me case y tenga un hijo, me libero de las condiciones de papá —supuse que me quería soltera para seguir manejando el dinero de papá.

Me levanté de la mesa sin esperar respuesta y salí de la casa. Fui a una universidad privada que me citó para mí traslado. Cuando vieron mis notas me recibieron de inmediato. Hablé con el decano, que me miró por encima de sus gafas y asintió.

—Te enviaré al Hospital América, el mejor de la ciudad, para que hagas tus prácticas —dijo con una sonrisa

Sonreí, era el hospital en el que deseaba hacer mi residencia quizás porque papá había hecho las suya allí.

Llegué al hospital esa misma tarde. Me presenté en la oficina de residencia y conocí a Oliver Anderson, había oído hablar de él, uno de los mejores jefes de residentes de la ciudad aunque con un carácter de mil diablos.

—Trabajarás a mi lado, así que necesito que vayas a mi ritmo y a mis reglas ¿Entendido?

Lo miré sorprendida, parecía que me estaba esperando

—No me conoces y... —Me interrumpió con una mirada que parecía de hielo

—Ya leí tus notas. Quiero a lo mejor de lo mejor, además de que tú padre era Julio, una eminencia y mi profesor en la universidad —dijo frunciendo el ceño.

Me acomodó en una habitación pequeña para residentes y empecé mi residencia de inmediato, me envió a cubrir todas las urgencias sin poder protestar.

Desde ese día tomé todos los turnos extras que pude. Quería llegar tarde a casa, o sencillamente no llegar, para no ver a Patrick.

Evitaba pensar en él, pero cada vez que cerraba los ojos recordaba su voz y sus manos. Me molestaba sentir que estaba perdiendo la cabeza por un hombre que me engañó, yo siempre fui muy fuerte para el amor y no podía dejar que este sentimiento me dominara.

Paso un mes...

Una de esas noches llegué exhausta al final de un turno largo. Nadie me había avisado, pero había una fiesta elegante en la casa. Apenas entré, varias personas me miraron como si fuera un bicho raro. Llevaba todavía la ropa del hospital y el cabello recogido. Susana se acercó con una copa en la mano y sonrió.

—Si no puedes integrarte con la élite, mejor escóndete en tu habitación. Esta es la fiesta de compromiso de Patrick y Carolina.

Sentí rabia y celos, yo nunca fue nada para el más que una desconocida a la que se cogió, quizás su despedida de soltero, La miré y respondí con la voz temblorosa

—No quiero ser parte de tu mundo, me da asco —gruñi

—Menos mal, la verdad es que tú no tienes la presencia para estar en un lugar como este —Ella se acercó más con un tono burló

Vi a Patrick a lo lejos. Él me miró fijamente desde el otro lado del salón. Hacía días que no hablábamos. Él había intentado buscarme varias veces, pero yo lo ignoraba o me iba antes de que pudiera acercarse. Esta vez no aparté la mirada quería que se diera cuenta que estaba decepcionada.

Subí las escaleras, me quité la ropa del hospital y me puse un vestido rojo ajustado que encontré en el armario. Me solté el cabello y me maquille, bajé de nuevo a la fiesta, les demostraría que yo nunca bajaría la cabeza por ellos. Todos se giraron a mirarme. Sentí las miradas al caminar y saludar.

Patrick se acercó enseguida. Sus ojos recorrieron mi cuerpo con deseo con la boca abierta

—Te ves hermosa.

—Metete esto en la cabeza —le dije mirándolo a los ojos —Solo estoy aquí para callarle la boca a tu mamá.

Me aleje de inmediato mientras Carolina se acercaba a el y lo jalaba del brazo.

Busqué una copa de vino y bebí un sorbo grande. Entonces Oliver, mi jefe de residencia, se acercó con una sonrisa. Me saludó con un beso en la mejilla

—¿Qué tal tu noche? —pregunto

—¿Qué haces aquí? —Abri los ojos

sorprendida por su presencia.

—Soy el mejor amigo de Patrick y hermano de Caroline —sonrio.

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