Capítulo 7 7

Capítulo 7

Los besos eran intensos, le quite quite el saco mientras me besaba en el cuello

—Contigo no es coger... Es hacer el amor —le dije en medio de la excitación que me quemaba la piel

—Dejame hacerte el amor —me bajo los tirantes del vestido dejando mis senos a su disposición.

Mandé saliva, sabía que esto estaba muy mal, pero lo deseaba como nunca imaginé.

Me besó el cuello, luego empezó a darle pequeños besitos alrededor de los senos, los dos empezamos a respirar agitados, en serio quería entregarme a el.

En ese momento el celular empezó a sonar, la crisis en el hospital era imposible necesitaban a todo el personal.

Esa fue la alerta, lo que necesitaba para irme de ese lugar y detener la locura que iba a hacer.

—No Patrick, detente —le di un pequeño empujoncito y me baje de la mesa.

El ya estaba duro, respiraba agitado y tenía la cara roja, sentí ganas de ayudarlo pero no podía caer en esta tentación.

—¿Que pasa?

—Los dos sabemos que pasa, esto es prohibido, eres mi Hermanastro, tienes una novia con la que te vas a casar, no podemos.

Agarre mi maleta y me fui de allí directamente al hospital.

Habían muchos heridos, un accidente que dejó varios muertos y heridos.

Decidí atender a un hombre con una herida en el abdomen y el estómago

—No me deje morir doctora —me pidió tomando mi mano

—No te preocupes, yo te voy a ayudar —le dije dándole esperanzas.

Me quedé toda la noche con el, vigile que le administran medicamentos, revise sus heridas hasta que se estabilizo.

Cuando abrió los ojos, me llamo con la mirada.

—Señor no se preocupe, va a estar bien, tiene algún familiar al que pueda llamar —lo tome de la mano y espere su respuesta.

El sonrió, me dio un beso en la mano

—¿Como se llama doctora?

—Soy la doctora Katherine Rivera —lo dije como era el protocolo, presentarse a un paciente

—Mi angel, te juro que siempre te cuidare como me cuidaste a mí.

No me soltaba la mano, lo que hizo bastante incómodo el momento, entonces se escuchó un estallido en el hospital, un fuerte golpe en la puerta.

Abrí los ojos y caí al suelo, un grupo de hombres armados entraron a la habitación.

—¡Jefe ya todo está listo! —grito uno de ellos y ayudo a levantar al hombre de la camilla.

Yo me acurruque en una esquina, estaba nerviosa sin saber que hacer, solo temblaba.

—Katherine —me llamo el hombre antes de salir de la habitación —Nos veremos de nuevo preciosa.

Se fue con los hombres.

Me quedé paralizada cuando Oliver y un grupo de enfermeras entro a la habitación.

—¿Estas bien? —me pregunto el agarrandome de las mejillas

—Si... No se qué pasó —negue con la cabeza sin entender nada.

—Era Robles, ese mafioso peligroso —dijo la enfermera.

No había vívido en esta ciudad mucho así que no sabía nada, pero por la cara de Oliver y laa enfermeras entendí que la situación era complicada.

—¿Te hizo o te dijo algo? —Oliver me ayudó a sentarme en una silla.

Negué con la cabeza, no iba a preocuparlos por una frase sin sentido, supuse que ese hombre tenía que esconderse.

Oliver decidió llevarme a la casa, el camino fue silencioso, no solo por lo que pasó en el hospital, si no por lo que pasó anoche.

—Katherine... Me gustas mucho y lamento no haber podido subir a tu habitación —el rompió el hielo.

—No pasa nada, creo que fue algo de tragos, no era nada prudente lo que íbamos a hacer, tu eres mi superior —sonrei intentando mantenerme tranquila.

El me besó, yo no pude responder a ese beso con la misma intensidad a los labios de Patrick.

—No quiero que pienses que te quiero llevar a la cama, no soy así, quiero una relación contigo, que seas mi novia.

Abri los ojos, sentía que Oliver era un caballero y que quería lo mejor para mí

—No creo que sea prudente, en el hospital...

—Me importa un carajo lo que digan en el hospital, no están prohibidas las relaciones sentimentales y yo quiero estar contigo.

Me tomo de la mano, le pedí unos días para pensarlo, el me prometió hablar con Patrick del asunto, pero se lo prohibi.

—El y yo no somos hermanos, no es necesario, soy una adulta y hago con mi vída lo que quiera.

Entre a la casa y vi Caroline hablaba con Susana de la boda, parecía el tema número uno en esta casa, Patrick estaba allí sin decir nada

—Amiga... ¿Serás mi dama de honor? —me pregunto Caroline.

—Si, si es lo que quieres —le respondí y subí a mi habitación, había sido un día caótico para soportarlas.

Quise dormir, distraerme después de un día de mucho estrés.

No se cuántas horas me quedé dormida, pero me despertaron unos gritos que venían de la habitación de al lado, es decir de la habitación de Patrick.

Abrí un poco mi puerta y vi a Caroline salir enojada con su bolso.

—¡Nunca había pasado esto! Para mí es humillante —dijo temblando de rabia y bajo las escaleras a toda prisa.

Yo regrese a la cama, mirando al techo, ahora no podía conciliar el sueño, aunque tenía un truquito que siempre me servía.

Saque de mi clóset a mi amigo perfecto, mi consolador.

Lo deslicé despacio entre mis labios inferiores, que ya estaban empapados solo de pensar en él.

—Patrick… —susurré mientras lo empujaba poco a poco dentro de mí, dejando escapar un gemido bajo al sentir cómo me llenaba por completo.

Empecé a moverlo con ritmo, entrando y saliendo, mientras mi otra mano subía a pellizcar uno de mis senos. Mis caderas se levantaban solas con cada embestida. En mi mente era Patrick quien me follaba, duro, profundo y sin piedad.

—Ahh… sí… así… —gemí cada vez más fuerte, perdida en el placer.

De pronto escuché su voz, grave y ronca, justo a mi lado:

—Aquí estoy.

Abrí los ojos de golpe. Patrick estaba de pie junto a la cama, mirándome con los ojos oscuros de deseo. Solo llevaba el pantalón del pijama, y el bulto de su erección era más que evidente.

—¿Qué… qué haces aquí? —pregunté sin dejar de mover el consolador, la voz entrecortada por el placer.

—Si no me dejas tenerte… al menos déjame admirarte —dijo con esa voz que me derretía—. Eres tan jodidamente hermosa cuando te tocas pensando en mí.

Solté un gemido más fuerte y seguí masturbándome, mirándolo directamente a los ojos. Patrick se bajó el pantalón y liberó su polla: dura y gruesa. Empezó a acariciársela lentamente, al mismo ritmo que yo me follaba con el juguete.

—Dios, Katherine… mírate —gruñó—. Tan mojada por mí.

—Patrick… —jadeé, acelerando el movimiento del consolador—. Me vuelves loca…

Él se acercó más a la cama, sin tocarme todavía, solo masturbándose más rápido mientras observaba cómo el juguete entraba y salía de mí, brillante de mis jugos.

—Sigue, mi amor. Déjame ver cómo te corres pensando en mi verga —susurró.

Gemí alto cuando extendió la mano y acarició uno de mis senos, apretándolo con firmeza, rozando el pezón con el pulgar. No lo detuve. Al contrario, arqueé la espalda ofreciéndoselo más.

—Así… tócame —supliqué.

Nuestros gemidos llenaban la habitación. Patrick se masturbaba con fuerza ahora, su mano subiendo y bajando por esa polla gruesa que tanto deseaba.

—Voy a correrme… —avisé, temblando.

—Córrete para mí, Katherine. Quiero verte —ordenó.

El orgasmo, de nuevo sentí un orgasmo, fue maravilloso. Grité su nombre mientras mi cuerpo se convulsionaba, apretando el consolador dentro de mí, mis jugos chorreando por mis muslos.

Patrick gruñó salvajemente y aceleró la mano hasta que también explotó. Chorros espesos de semen cayeron sobre mi abdomen, salpicando incluso entre mis senos mientras él seguía ordeñando su polla hasta la última gota.

Ambos respirábamos agitados, mirándonos con una intensidad, era una bomba a punto de estallar.

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