Capítulo 3 Eso es lo que quiero
Cuando llegó el fin de semana, casi doy gritos de felicidad, pero no tenía el cuerpo para eso. Estaba tan agotada que solo quería dormir hasta el lunes.
Escuché a Bella, mi roommate, cantar desde la cocina. Me acomodé en la cama y volví a cerrar los ojos, cuando el sonido de mi celular me hizo abrirlos de golpe. Lo había dejado en la sala.
Leo.
Salí corriendo para agarrarlo; mi corazón tuvo una leve esperanza de que me llamara para quedar y que todo lo pasado hubiera sido una pesadilla. Pero me detuve en seco al ver el nombre de mi madre en la pantalla. No pude evitar sentirme la persona más idiota del mundo. ¿Cómo podía estar pensando en Leo después de lo que me dijo?
Aburrida… predecible… simple…
Estuve cinco años de mi vida con un idiota que solo quería el dinero que podía obtener de mi padrastro. Aun así, ¿Para quién era el anillo de compromiso que encontré en armario?
El celular volvió a sonar. Mi madre otra vez. La conocía perfectamente y sabía que no dejaría de llamar hasta que le respondiera.
—Hola, mamá —respondí resignada.
—¡Oh, Sofía! ¡Te tengo una noticia!
Se escuchaba tan contenta que suspiré. Eso nunca era bueno para mí. Y menos cuando continuó diciendo:
—Adela se va a casar. Tienes que venir; le haremos una fiesta de compromiso en el Hotel Royal.
Perfecto. Una fiesta de compromiso, justo lo que necesitaba: otro desfile de las amigas adineradas de mi madre preguntándome por qué sigo soltera. Pero, con curiosidad, pregunté:
—¿Con quién se casa? No sabía que tuviera pareja.
—No lo sé muy bien —respondió ella con tono despreocupado—. Dijo que era un amigo de la universidad. Trabaja como editor en la revista Sports Récord.
Me quedé en silencio. En esa revista trabaja Leo. Justo tenía que encontrarme con Adela, y su novio trabaja en el mismo lugar que mi ex.
¿Cómo puedo convencer a mi madre de no asistir? Tendría que contarle toda la verdad.
—Mamá… no creo que pueda ir.
—¿Cómo que no? —su tono cambió de inmediato—. Es tu hermana, Sofía. ¡No puedes faltar!
—Mamá, terminé con Leo… y él trabaja ahí. No me siento preparada para verlo.
Se escuchó un silencio incómodo al otro lado. Luego, con esa voz fría que usaba cuando algo no le gustaba, respondió:
—Sofía, no puedo creer que hayas terminado con ese muchacho; aunque, pensándolo bien, desde que sus padres cayeron en la ruina, es lo mejor que te pudo pasar.
—Mamá, ¿cómo puedes decir eso? —cerré los ojos—. No todo en la vida es dinero, mamá.
—Es la verdad. Alégrate de que terminaran —replicó, sin darle importancia a mis sentimientos—. La familia debe estar unida en los momentos importantes. Así que te espero hoy a las ocho de la noche. ¡Sé puntual!
Antes de que pudiera decir algo más, colgó.
Ese “la familia debe estar unida”… ¿acaso no debería ella apoyarme justo ahora?
Mientras me vestía, mis pensamientos no dejaban de girar en torno a Leo. ¿Asistirá a la fiesta? Un golpe suave en la puerta me sacó de mis pensamientos. Bella, con una sonrisa traviesa, asomó la cabeza.
—Creo que si te pones ese vestido estarás más linda que tu hermana —señaló hacia el vestido rojo que tenía colgado en el armario.
—No quiero eso; este es elegante y clásico —respondí mientras me miraba en el espejo.
Mi piel clara casi desaparecía con aquel vestido color crema, de corte tubo, con una ligera abertura en un costado. En mis ojos azules se notaba cansancio y tristeza.
—Vamos, Sofi, tienes un cuerpo increíble. ¡Que tu hermana lo envidie! Si yo fuera tú, me atrevería.
—No. Esta noche no quiero problemas con ella.
Mi hermana Adela siempre había sido una mujer bastante normal en lo físico, pero con la gran fortuna que heredaría de su padre, Henry Johnson.
A pesar de lo que mi madre insistiera, nunca quise nada de esa familia. El dinero no significaba nada para mí. Siempre preferí mi independencia, y cuando pude, me fui a vivir por mi cuenta. Lo que más me dolía era que siempre le dejé claro a Leo que no me interesaba nada que tuviera que ver con ellos. Entonces, ¿por qué siguió conmigo?
Bella se acercó y me dio una palmada en la espalda: —No te preocupes. Si tienes que ir, voy contigo. Si vemos al estúpido de tu ex, le patearé las pelotas.
—Enserio, estará mi madre y sabes que el ambiente será un poco desagradable —dije, me preocupaba que como siempre se metieran con ella por ser huérfana.
—Soy tu mejor amiga, estaré contigo incondicionalmente y si debo ir a esa fiesta —sonrió mientras se dirigía al armario—, usare este vestido, con este cuerpo atlético ni te cuento como me quedara.
Sus palabras fueron como un ancla en medio de la tormenta que se avecinaba. Saber que no estaría sola me dio un poco de paz. Porque, sinceramente, algo en mi interior estaba inquieto; nada bueno iba a salir de esta noche.
—Ese vestido dará mucho de qué hablar. —proteste.
—Eso es lo que quiero
